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domingo, 5 de diciembre de 2010

Perlas para padres


Se dijo de una mujer de la Biblia: «Ésta ha hecho lo que podía». Así también, tú haz simplemente lo que puedas y déjame el resto a Mí. Confíame a tus hijos. Si no puedes darles todo lo que quisieras todos los días, no te preocupes. Limítate a entregar lo que puedas, que Yo cuidaré de ellos. Haré de ellos lo que he dispuesto que sean. No tienes más que ser fiel con lo poco que puedes hacer cada día, lo cual es mucho.
Si posees Mi amor y lo transmites a tus hijos, Yo me haré cargo de todo lo demás. Debes pasar tiempo conmigo, leyendo Mi Palabra, en oración y comunión. Anhelo dotarte de más poder, más paz, más fe y más amor.
Aunque tengas muchos quehaceres, debes apartar tiempo para Mí. Tu fortaleza proviene de Mí. Sin Mí serás como una lámpara que pretende arder sin aceite, cuya mecha se ennegrece. Sin Mí, tus fuerzas mermarán y estarás desprovista de paz. No tendrás suficiente amor. Aparta tiempo para Mí cada día. Yo renovaré tu relación con tu cónyuge y con tus hijos. ¡Verán una nueva luz en tu rostro!
Amor Mío, en quien me complazco, no te preocupes por esos pesos que oprimen a tus hijos, y que por lo tanto también te oprimen a ti. Ven a Mis brazos, y hallarás reposo en ellos. Si quieres encontrar el descanso que precisas, no sólo debes echar tus cargas sobre Mí, sino también las de aquellos por los que te preocupas. Mis hombros y Mis brazos son bien capaces de sobrellevar esa carga.
Veo que tienes un corazón maternal, que anhelas consolar y tomar en tus brazos a cada uno de tus hijos y ayudarlos. Veo la pureza de tu anhelo, que como madre cristiana quiere lo mejor para sus hijos. Lo mejor que puedes hacer es despojarte de todas tus cargas y echarlas sobre Mí. Me refiero a tus propias cargas y a los pesos que llevan tus hijos. Yo te llevaré en brazos y también los sostendré a ellos. Si acudes a Mí, te daré las soluciones que necesitas con apremio. Es cierto, dulce amor Mío, que no das abasto. Sin embargo, Yo sí puedo. Satisfaré la necesidad.

La paternidad es maravillosa. Te fortalecerá. Te hará cariñoso, comprensivo y responsable, y te motivará a brindar apoyo. Tu calidad de padre te conferirá muchos otros dones de Mi Espíritu. Te imploro y te insto a que cuides de esos pequeños para que puedas contar con Mi plena bendición y pueda convertirte en el hombre de fe que he dispuesto que seas y que tú mismo deseas ser.

Sé lo mucho que quieres a tus hijos, que deseas entrañablemente que ellos me conozcan en mucho mayor grado, que se acerquen a Mi corazón. Ese es también Mi deseo. A cada uno le tengo un cariño singular. Atiendo a cada uno de modo especial. Cada uno es a Mis ojos cual tierna planta a la que quiero nutrir y fortificar con Mis Palabras, regar con el rocío de Mi Espíritu, cuidar con ternura y guiar a fin de que crezca bien, que se desarrolle erecta, alta, fuerte y sana.
Muchas plagas atacan a Mis tiernas plantas en una tentativa de frustrar los planes que Yo tenía para ellas. Se ven amenazadas por diversos flagelos y enfermedades, venenos y substancias contaminantes lanzados por el Maligno. Nada de eso proviene de Mí ni de Mi Espíritu, Yo no actúo de esa manera. Son las vertientes del mundo, las vertientes de la muerte.
Con esmero y oración nutre, atiende y ama a Mis plantitas. Vela por ellas con toda el alma. Así crecerán fuertes, sanas y erguidas, y no se verán azotadas por las plagas y enfermedades de Satanás.
El Diablo sabe que tiene poco tiempo. Por eso procura inundar la Tierra con mentiras, contaminación y engaño. Pretende corromper las Aguas de Vida y acabar con lo bueno, lo que me glorifica, lo recto, lo amable y verdadero. No permitas que mate ninguna de las tiernas plantas que he dejado a tu cuidado. No dejes de regarlas, de apagar su sed con las aguas puras de Mis Palabras. Sé como el mayordomo diligente. Si no te cansas de amar, atender y nutrir a estas plantitas, recibirás un generoso galardón.
Yo soy el Dador de toda vida. Infundo el espíritu a cada ser. Cada vida nueva es un regalo de amor para la madre y el padre, Mi obsequio de amor para ellos. Muchos lo ven desde su óptica natural y opinan que se trata de una mera combinación de factores y circunstancias biológicas. Pero Yo te digo que es una dádiva de amor para madres y padres, proveniente de la mano misma de Dios.
Esta criatura es el regalo que te doy, porque te amo. Tu hijo te amará profundamente, y tú a él. A través de ese pequeño ser conocerás el amor incondicional que abrigo por ti. Comprenderás que te amo cuando te portas bien y cuando te portas mal; cuando obras acertadamente y cuando te equivocas… ¡todo porque te quiero, nada más!
¿De qué mejor manera podría revelarte el hondo amor que te tengo, que dándote un hijo propio al cual cuidar, cargar en tus brazos, alimentar, educar y amar? Cada vez que lo mires y sientas cariño por él, recuerda que con ese mismo cariño te miro Yo a ti y que es así como te quiero. Sólo que, claro… ¡el amor que atesoro por ti es mucho mayor que el que una madre atesora por su hijo!
Cada vez que lo tomes en tus brazos, imagina que así es como te tomo Yo a ti en los brazos. Cuando le des de comer, imagínate que así te doy Yo de comer. Aun cuando lo cambies, piensa en cómo te limpio y te lavo y te sigo queriendo a pesar de tus pecados y debilidades, de tus deposiciones espirituales. Te darás cuenta de que éstas no significan nada: se limpian y punto. Si bien son desagradables, en nada alteran el amor que sientes por tu hijo. Muchas otras enseñanzas adquirirás también conforme vaya creciendo y te toque corregirlo.
Por eso, Mi preciosa hija, madre de un precioso hijo, recuerda que Mi mano está sobre ti y que Yo soy quien te ha concedido ese don de amor. Lo he puesto en tus manos para que le demuestres cariño, le prodigues cuidados, le enseñes y lo prepares. A su vez, ese estimado tesoro tuyo te amará, te cuidará, te enseñará y te preparará mediante todas las experiencias que te deparará su crianza.

Tierna madre de Mis hijos, madre de esos corazoncitos tan divinos, de Mis angelitos, gracias por aceptar ser madre de estos chiquitines. Grande es tu galardón y bendito el fruto de tu vientre. También tus bendiciones serán grandes. El tuyo es un sacrificio hecho por amor. ¿No se dice acaso que nadie ama más que una madre? Así también, nadie recibe mayor galardón que el que doy a una madre, pues ella ofrenda y sacrifica su cuerpo, su sangre y su corazón.
Esos actos que en la Tierra los hombres consideran enormes sacrificios, Yo los estimo como las mayores bendiciones y los premio con los mayores galardones. El que aprende a cuidar a Mis pequeñitos aprende más que ningún otro lo que significa entregar, sacrificarse y ofrendar amor. Esas son las virtudes que más aprecio.
Tus hijos no te alejan de Mí; al contrario, te acercan a Mi corazón, pues veo tus arduos esfuerzos. En la misma medida en que aumentan tus labores, se incrementa Mi gracia, pues te la doy en mayor abundancia. Mi corazón se ensancha y Mis manos se alargan para ayudarte más.
Cuando tus hijos están enfermos, ¿acaso no acudes a Mí con mayor afán? ¿No se te parte más el corazón? ¿No es cierto que tu espíritu se vuelve más humilde? ¿No es verdad que aunque te debilitas más, al mismo tiempo te haces más fuerte en Mí? ¿No te hace ello confiar más en Mí?
Todas esas cosas no son cargas. Más bien son tesoros ocultos que posees en mayor abundancia que otras personas gracias a la atención que brindas a Mis pequeñitos.

La labor de un padre es esforzada. Si bien cuidar de tus hijos es tarea ardua, a la vez viene a ser la más gratificante del mundo. Pídeme que te dote del amor que te hace falta. Escudriña los pasajes de Mi Palabra que tratan de la paternidad. El poder de Mi Espíritu vendrá sobre ti y ante muchos darás ejemplo de amor, de sacrificio y de cumplidor de tus obligaciones para con tus pequeños. Te haré un pilar en Mi casa si te conviertes en el hombre que te he llamado a ser: un padre responsable y cariñoso.
¡Ay, si supieras las bendiciones que te aguardan, la fortaleza espiritual que se te concedería, las recompensas que recibirás en el Cielo, no vacilarías en desvelarte por esos pequeños! Tus niños te brindarán muchísima felicidad y te inspirarán gran valor y dedicación.
Pues, ¿quién tiene mayor amor que éste, que un hombre entregue su vida por sus hijos? Son tus amigos, hijo Mío; lo serán todos los días de tu vida. Te necesitan. Les hacen falta tus cuidados paternales. Necesitan tu amor y tu comprensión.
¿Aceptas esta responsabilidad? Si lo haces obtendrás Mi plena bendición y gran satisfacción en esta vida. Pues no hay mayor satisfacción que la de cuidar y criar a los niños que has engendrado y traído a este mundo.

Los bebitos son una maravilla. Mi preciada hija, por amor te he concedido un obsequio. Es una prenda del amor que albergo por ti. No es un castigo ni una penalidad, sino un don. ¡Un don de amor! A medida que lo críes, descubrirás que te proporcionará gran alegría y muchas satisfacciones.
Sé que no es lo que tú esperabas, pero créeme, es un regalo y una bendición. ¿Recuerdas la historia de la mujer a quien di un obsequio y lo consideró una carga? Envolví el regalo en harapos de color marrón y le dije que lo llevara consigo en prenda de Mi amor. Aquel regalo fue una prueba para ver si ella creía en Mi palabra. Aunque lo llevó consigo toda la vida, nunca lo consideró una bendición Mía, no lo aceptó como tal, sino más bien como una carga que debía sobrellevar y un deber que debía cumplir. Por eso nunca le reportó la alegría que podía haberle significado.
En aquel día bendito en que se presentó ante Mí, desenvolvimos el regalo juntos. Con gran asombro descubrió que dentro de aquellos harapos había piedras preciosas y bendiciones indescriptibles. Me miró con pena y remordimiento, y me dijo: «De haber sabido lo que había dentro, no lo habría considerado una carga todos esos años». Dulce hija Mía, no seas como ella. Créeme cuando te digo que este nene que te doy es un obsequio y una bendición.

Gracias por los años que llevas cuidando fielmente a tus hijos. Gracias por verter tu amor tan pródigamente sobre ellos. Gracias por consagrar tu vida por ellos. Eso es de gran valor a Mis ojos.
Ten la certeza de que en Mi Reino celestial te aguardan muchas bendiciones, recompensas y riquezas espirituales de inestimable valor.
Tu amor y sacrificio, tus oraciones y las lágrimas que has derramado a lo largo de los años te han edificado aquí una espléndida mansión -fina, elegante, ornamentada y placentera a la vista, un deleite para los ojos-, tan imponente que embarga el alma. Todos los que pasan y observan tu futuro hogar ven patentemente el amor, el trabajo, el sacrificio, la abnegación, la lealtad y la entrega que has demostrado al servirme todos estos años. Es un testimonio de tu amor.
Mi amada, aguardo el día en que tendré el placer de decirte: «Bien, Mi buena sierva y fiel. Entra en el gozo de tu Señor.» Tus hijos tienen inmenso valor a Mis ojos y los quiero entrañablemente.

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