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lunes, 13 de diciembre de 2010

De Jesús, con cariño

INDICE:

El eterno amor de Dios
El perdón divino
Amar al prójimo
Claves para ser feliz
Andar con Dios
Hablar con Dios
Escuchar la voz de Dios
Leer la Palabra de Dios
Alabar a Dios
Servir a Dios
Recompensas divinas
Adquirir fe
La transcendencia de nuestras decisiones
Apoyo en momentos de prueba
El remedio para el estrés
Aliento para cuando estamos enfermos
Alivio para la soledad
Consuelo luego de la muerte de un ser querido
Para edificar tu matrimonio
Perlas para padres

¿Anhelas…
hallar la felicidad? ¿Sufres de angustia, de soledad, de hastío? ¿Te enfrentas a decisiones difíciles? ¿Tienes conflictos matrimoniales o en tus relaciones sentimentales? ¿Desearías ser mejor padre o mejor madre? ¿Echas de menos a un ser querido ausente? ¿Estás atravesando una crisis? ¿Te sientes desprovisto de fe o lejos de Dios?
La solución está en tus manos. De Jesús, con cariño contiene abundantes consejos y palabras de consuelo que te ayudarán a salir airoso de esas y de muchas otras contrariedades. El autor es Jesús. Descubre cuánto te ama. Aprende del Maestro las claves del éxito en la vida y en tus relaciones con los demás. Estas cápsulas de amor y sabiduría divinos no tienen parangón.

De Jesús,con cariño

El eterno amor de Dios


Aún recuerdo el día en que te formé. Con gran esmero, atención y minuciosidad escogí cada aptitud, cada don, cada característica, cada fibra de tu ser, hasta obtener exactamente la combinación que quería. Hasta las más mínimas especificaciones quedaron en perfecta sincronía para lograr Mi voluntad y Mi propósito en tu existencia y en la de todos aquellos a quienes irías a afectar durante tu travesía por la vida.
Recuerdo el momento en que te insuflé aliento de vida. ¡Sentí un amor tan inmenso que no pude contenerlo! Sabía cuánta felicidad ibas a brindar, no sólo a Mí, sino a todos aquellos con quienes te cruzarías en el camino de la vida.
Te amo desde la eternidad y hasta la eternidad, y en ti me complazco.

Disfruta siendo tú mismo: ¡eres una persona magnífica! Disfruta siendo tú mismo: ¡estás rebosante de vida! Disfruta siendo tú mismo: ¡tienes mucho que ofrecer! ¡Disfruta siendo tú mismo y disfruta de la vida que te he dado!
Te ruego que aceptes estas Palabras y confíes en que proceden de Mi corazón y van dirigidas personalmente a ti. Te amo, y ruego por ti; no sólo que tu fe no falte, sino que aumente. Que crezca tu fe en Mí y en ti mismo. Te amo.

Imagínate una balanza. En un lado puse a Mi propio Hijo, al ser que más quiero. ¡La balanza se inclinó entonces por completo hacia el lado en que estaba Él! Seguidamente, te tomé a ti, con todas tus flaquezas, defectos, debilidades e idiosincrasias, con todas esas características tuyas que tanto te molestan y te hacen sentirte tan inferior, tan difícil de amar y tan indigno de Mi amor. Te puse, sí, a ti en el otro platillo, y los dos quedaron perfectamente equilibrados.
Comprendí que era provechoso poner a Mi Hijo en un platillo y a ti -sí, a ti en particular- en el otro. Vi que me convenía hacer un trueque: cambiar la vida de Mi Hijo por ti, a fin de tenerte para siempre. Valió la pena entregar a Mi Hijo por ti, nada más que por ti. Tal es el amor que te profeso.

Mi ojo ha estado sobre ti desde antes que te formara en el vientre de tu madre. He estado contigo en cada etapa de tu crecimiento. Te he observado, te he amado, he velado por ti. Nunca te perdí de vista.
¡Cuánto anhelo derramar Mi amor sobre ti! ¡Cuánto ansío estrecharte contra Mi seno! Si pasas ese tiempo conmigo en oración, escuchando interiormente Mi voz viva y la voz de Mi Palabra, te manifestaré el inmenso amor que albergo por ti. Es un amor más extenso que el mar, rebasa el horizonte, no cabe en la inmensidad del universo poblado de estrellas y galaxias. Escapa a la comprensión humana y alcanza el infinito, la eternidad.

Soy el buen Jardinero. He plantado un hermoso y extraordinario vergel, lleno de flores singulares. En Mi jardín cada flor es única y bella a Mis ojos. Cada una cumple un fin muy concreto y ocupa un lugar particular en el huerto, así como en el afecto del Jardinero.
Eres singular para Mí. Eres una flor única a Mis ojos. Conozco todos tus dones y cualidades, todos tus conflictos e imperfecciones, todo lo que te molesta acerca de ti misma. Las debilidades que te irritan y que no logras vencer, los puntos fuertes y puntos flacos de tu vida espiritual, las idiosincrasias y todas las peculiaridades que conforman tu personalidad. Yo discierno los deseos de tu corazón, tus más íntimos anhelos.
Sé de las veces en que te sientes inferior a otros. Sé de las veces que albergas pensamientos negativos sobre ti misma, en que tus debilidades te incomodan, te avergüenzan y te desalientan. Yo sé todo eso y, sin embargo, ¡te amo!

Aprende a reconocer Mi mano y Mi amor hasta en los menores detalles de tu vida: en la forma en que proveo para cada una de tus necesidades, aun las más pequeñas; en la forma que conservo tu salud y tus fuerzas; en la forma que guardo a salvo a tus hijos. Esas son prendas de Mi amor por ti. El amor que te tienen tus hijos es una manifestación del amor que Yo te tengo, y la manera en que te cuidan y se preocupan por ti los demás es también una muestra del desvelo que Yo tengo por ti. Mis Palabras son una expresión del amor que te profeso.

Te conozco, te veo y velo por ti. Me intereso por cada uno de tus pesares. Me preocupa cómo te sientas. Me interesa lo que pienses. Me preocupan tus dificultades y penalidades. Me preocupo por tus hijos. Me preocupo por tu salud. Me preocupo por tus aprietos económicos. Me preocupo por los bienes materiales que te hacen falta. Me preocupo por las necesidades de tus hijos y las reparaciones que hay que hacer a tu vehículo. Me preocupo de tus batallas espirituales. No hay un solo detalle de tu vida por el que no me preocupe.
Mi amor se manifiesta en ti con cada goce y placer que experimentas en la vida, así como cada vez que proveo para tus necesidades. Cada vez que alguien te brinda amor, aliento y cariño es una manifestación del amor que abrigo por ti.
Cada vez que acudes a Mi Palabra, encontrando en ella fuerzas e inspiración para seguir adelante, es una manifestación del amor que siento por ti. Así también cuando te acuestas por la noche, cansado y agotado de las numerosas labores, y hallas grato reposo que renueva tu cuerpo y tu espíritu, esa es igualmente una manifestación de Mi amor por ti. Cuando es la hora de descansar y hallas solaz, placer y risas, es una manifestación del amor que te tengo.
En cada cosa que aprendes, en cada nueva experiencia que vives, en todo lo que te proporciona satisfacción, dicha o estímulo a tu corazón, reposo a tu espíritu y alivio o comodidad a tu cuerpo, en todo ello se manifiesta el amor que albergo por ti.
Cuanto más me reconozcas en esos aspectos cotidianos de tu vida, cuanto más aprendas a apreciar esas cositas que te doy y las formas sencillas en que me revelo a ti, más llegarás a conocer, valorar y sentir Mi amor.

No temas, Mi tesoro, porque te quiero con un amor inagotable. Nada de lo que digas o hagas alterará el amor que siento por ti ni me incitará a quitártelo o negártelo. Cuando caes, cuando cometes errores, cuando obras mal, cuando tu comportamiento te decepciona y defraudas a los demás, cuando me sigues de lejos, cuando deshonras Mi Palabra a causa de tu incredulidad, cuando no me veneras o no me amas como debieras, cuando piensas negativamente y te desmoralizas o das lugar a envidias o críticas, ninguna de esas cosas merman el amor que albergo por ti.
Tus fracasos, defectos y debilidades no hacen menguar el amor que te profeso. Me inducen a llorar por ti; mas sigo amándote de la misma manera.
No hay persona demasiado mala para Mí. Nada de lo que hagas, digas o pienses podría ser tan malo como para hacer menguar el amor que siento por ti. No pongo condiciones para que puedas participar de Mi amor. No digo que debas ser de tal o cual manera para poder acceder a ese amor. Te lo doy incondicionalmente. Te prometo que pase lo que pase tendrás Mi amor en gran abundancia.

Mi amor es como un río que corre con abundante caudal. Nunca se seca. Puedes recibirlo en la medida de tu capacidad, según tu necesidad.
No temas que se vaya a agotar, pues Mi amor es inagotable. No temas que vayas a perderlo, pues Mi amor no se pierde. No temas que seas indigno de él, pues Mi amor no se gana con méritos; se recibe. Mira que Yo te amo tal como eres. Sí, conozco tus defectos. Sí, conozco tus debilidades. Veo tus tropiezos y caídas, pero nada de eso altera el amor que te tengo.
¿Disminuye acaso el amor del padre por el hijo cuando éste cae? Por el contrario, aumenta; pues toma al hijo en sus brazos. Le demuestra más amor que nunca y lo cuida con más ternura. Así también es Mi amor por ti, por cuanto eres la niña de Mis ojos.

La medida en que veas o sientas Mi amor depende de tu fe. Yo derramo constante e interminablemente. La corriente de Mi amor en tu vida siempre es libre y abundante. Cualesquiera que sean las circunstancias, jamás corto esa corriente. La medida en que veas y percibas este amor depende de tu fe, de cuánto quieras verlo manifestado, de la voluntad que tengas para creerlo, para verlo y para reconocer las innumerables maneras en que lo expreso cada día. Puede que lo veas, lo sientas y lo reconozcas, y puede que no. Eso, sin embargo, no altera el hecho de que es constante, copioso e incondicional.
No puedes hacerte acreedor de él, ni obtenerlo gracias a tus obras, ni hacerte digno de él por tus propios méritos. Te lo brindo a modo de obsequio. Te quiero porque te quiero; es así de sencillo. Te amo, y jamás dejaré de hacerlo. Nunca te amaré menos. Siempre te amaré con amor perfecto, interminable, abundante.
Anhelo que tengas parte en este amor Mío, en toda su abundancia, su belleza, su poder y su gloria. Te quiero con un amor eterno.

Nada deshará el vínculo de amor que nos une. Nada se puede interponer entre nosotros. Nada me puede separar de ti, pues la fuerza de Mi amor no tiene igual. No hay torrente que lo pueda ahogar, no hay duda que lo pueda borrar, no hay mentira que lo pueda empañar. Es más poderoso que todas esas cosas.
Cuando busques y descubras Mi amor, cuando te empapes de él y experimentes plenamente el éxtasis y el gozo que te quiero dar, entenderás lo que motivó a los mártires a morir por tal amor. Para ellos ese amor era mayor que toda prueba, persecución o dificultad. Tal era su intensidad que aun en momentos en que no lo percibían sabían que lo poseían. Podía más que cualquier circunstancia, más que cualquier prueba: esas vicisitudes pasarían, mas Mi amor no pasaría.
Si me buscas de todo corazón, me hallarás y te acercaré a Mí. Al sondear Mi Palabra me hallarás.

Si no palpas, si no ves el amor que te manifiesto, no es por culpa Mía ni porque Yo lo haya querido así. No es que te haya privado de él. De ti depende el modo en que Mi amor se haga sentir en tu vida. ¿Tienes fe? ¿Crees realmente? ¿Deseas de veras Mi amor? ¿Te ofreces a hacer cuanto sea preciso para gozar de ese amor Mío? Yo he dicho: «Acércate a Mí, y Yo me acercaré a ti».
Estoy aquí aguardándote, ansioso de verter a mares Mi amor sobre ti. Pero antes debo percatarme de tu deseo de Mí, de tu fe en Mí. Debo comprobar que te acercas a Mí, que me haces lugar en tu corazón y que reconoces de buen grado que Mi amor se manifiesta en tu vida.

Eres parte de Mí; no podría marginarte de Mi amor. Jamás te podría despreciar. Ni por un instante puedes evadirte de Mi presencia. No te abandono ni por una fracción de segundo. No hay momento en que no tenga plena conciencia de ti. No hay un instante en que no vele por ti. Jamás entra en Mí un solo pensamiento acerca de ti que denote desprecio. Serás criatura Mía para siempre. Te amo y por ti daría la vida incontables veces.

Mi amor no tiene límites. Yo soy amor, y nada me puede contener. Se vierte a diestra y a siniestra. Vienes a Mí con una taza esperando que te la llene, cuando Yo abriría canales enteros por los que correría sin cesar el amor que quiero comunicarte. Si pones los ojos en Mí, me buscas primero, me pones en primer lugar y te acercas a Mí de todo corazón, rebosarás de Mi amor. Tu taza no se vaciará; antes se desbordará de continuo. No sólo tendrás tu mísera reserva personal, sino la abundante e inconmensurable provisión de Mi amor para compartir con los demás. Entonces, cuanto más des, más se te dará. Porque Mi amor y Yo no tenemos límite.

Érase una vez un hombre que poseía grandes riquezas. Mientras iba de camino, observó una perla fulgurante y de gran precio. Entonces se dijo: «¡Esa perla ha de ser mía!» Al objeto de comprarla, vendió cuanto tenía, todas sus posesiones. Así podría hacerse dueño de tan valiosa alhaja.
Lo mismo eres tú para Mí. Eres aquella perla de gran precio que descubrí y por la que resolví dejarlo todo, hasta Mi trono celestial, con tal de bajar a la Tierra y obtenerte. Sacrifiqué cuanto tenía para adquirirte.

Mi amor nunca te defraudará. Hemos pasado tantas experiencias juntos que no voy a abandonarte ahora. Nada podrá sofocar jamás el amor que te tengo, el cual aumenta de día en día.
Te he amado desde el principio. Te amo en este momento y siempre te amaré. Mi amor es imperecedero; pervive por la eternidad. Mi amor por ti jamás se avejenta; se mantiene siempre fresco y joven. Nunca aburre; ¡está vivo, es vibrante, dinámico y apasionado! No se duerme, ni tiene otra razón de ser que despertar tu corazón. Existe ahora y siempre, y nunca dejará de ser. Puedes contar con él. Te dará las fuerzas que necesitas para seguir. Te sustentará cuando te abrume el cansancio y te infundirá ánimo cuando te sientas incapaz de continuar.
Mi amor te anhela y llora por ti. Ansío ayudarte, consolarte. Mi amor tiene fe en ti. Mi amor cuenta contigo. No dudes por un momento del amor que te tengo. Te amo ahora y te amaré por la eternidad.

Preciado hijo Mío, te amo con Mi más profundo sentimiento. La gratitud que siento por tu perseverancia en medio de numerosas dificultades se extiende de un confín a otro de los cielos. Pese a que tu corazón se ha partido innumerables veces, todas ellas lo he vuelto a componer.
Todos poseen sus debilidades y puntos flacos, mas no por ello amo menos a uno que a otro. Mi amor no impone condiciones. Es decir, que sea cual fuere tu estado, estés espiritualmente bien o mal, no te amo en mayor o menor grado por ser como eres. Mi amor no se basa en un cuadro estadístico espléndido ni en una trayectoria impecable. Tus faltas y errores no merman Mi amor, toda vez que éste es perfecto.
No hay razón, pues, para que temas que tu manifiesta falta de fortaleza en comparación con la que poseen otros, o el hecho de no ser como te gustaría, o de no alcanzar tantos triunfos como quisieras, disminuya el amor que te profeso.
Cuando contemplo a Mis hijos, criaturas concebidas por Mi mano, me contento con observarlos, sin censura. No me fijo en su pasado, su presente o su futuro. Cuando te contemplo, sólo me fijo en ti. Te amo porque te creé. No veo nada más. Ven, pues, a Mí; recurre a Mi amor. En Mis brazos siempre hallarás amor de sobra, amor a raudales.

Cuando te observo no me fijo en tus defectos. No me fijo en las faltas y fracasos, porque te amo. Así como la persona que está enamorada pasa por alto lo que otros tienen por faltas en su ser querido, así hago Yo contigo cegado por el amor que te tengo.
Soy como un ciego que no se fija en las faltas y defectos; que ve más bien con las manos, y toca y palpa la suavidad; que huele la pureza y el perfume, y oye las palabras de amor. Todo ello le indica que su esposa es hermosa y adorable, a pesar de que no la ha visto jamás. Aunque ella no revista mayor atractivo, él no la ve de esa manera. Él advierte el amor, la acaricia y palpa la suavidad y la belleza. Así ocurre conmigo al contemplarte. Como el que pasa por alto las faltas de quien es objeto de su afecto y lo ama a pesar de ellas, así soy Yo. Como el que pasa por alto defectos y ama a pesar de ellos, así soy Yo.
El amor incondicional ve el diamante en bruto. Está dispuesto a excavar en busca de piedras preciosas y a extraerlas de la tierra. Con ternura les lima los bordes ásperos, las pule y las abrillanta para que su hermosura sea manifiesta ante todos. Excavar en busca de piedras preciosas toma tiempo. Requiere paciencia. Para extraer esa gema rutilante de las profundidades de la tierra hace falta mucha fe y amor incondicional.
Mi amor es incondicional. Amo a los mal parecidos. Amo a quienes resultan difíciles de amar. Amo a los apesadumbrados y solitarios. Amo a quienes bregan por seguir adelante, a quienes están perdidos y sumidos en la confusión. Mi amor incondicional se vierte una y otra y otra vez sin esperar nada a cambio.
Mi amor es sin parcialidad. Yo no digo: «Este no me corresponde, no reacciona, total que lo doy por perdido». Mi amor es incondicional. Yo sigo creyendo. Nunca pierdo las esperanzas. Mi amor es longánimo e infalible.
Mi amor incondicional no conoce límites ni frena ante nada. Llega a cualquier extremo, sufre cualquier agonía, atraviesa cualquier tempestad para amar y conducir a la victoria a un alma perdida, solitaria y maltrecha.

El perdón divino


Mi preciado hijo, mi hijo arrepentido y perdonado. He visto tus lágrimas. Sentí tu remordimiento. Ven a Mis brazos compasivos y misericordiosos y deja que te libre de toda pesadumbre y sentimiento de condenación.
A quien mucho se le perdona, mucho ama, mucho escarmienta por los errores cometidos y aprende a perdonar a los demás por sus errores. La mirada de juicio y crítica cambia en mirada de amor y perdón, pues sabe cuánto se le ha perdonado. Se le ha dado una nueva oportunidad para vivir, una nueva perspectiva, un nuevo ideal.

Todo ser humano ha cometido alguna falta de la cual se arrepiente. Puede que te sientas muy mal por algo que has hecho. Lo lamentas y te resulta difícil superar el remordimiento por los errores cometidos. Desearías poder desandar lo andado y cambiarlo todo, volver a actuar sin cometer los mismos errores. Cuando repasas esas escenas o malas acciones en que incurriste, te abates y te condenas. El remordimiento y el pesar te abruman.
Pero Yo no te condeno. No me fijo en el pasado ni en los errores cometidos ni los guardo contra ti. No te contemplo con mirada de condenación. Si has pedido perdón y éste se te ha concedido, debes dejar atrás el remordimiento y el pesar. De otro modo, Satanás no deja de valerse de eso para impedir el flujo de Mi amor.
No debes permitir que el espíritu de desazón, remordimiento o condenación te abrumen y te hundan. Esas cosas son del Diablo. Simplemente debes pedir perdón y dejarte perdonar. A partir de ahí no hay por qué angustiarse. No significa que hayas hecho algo que no te haya pesado, sino que ya no das lugar al remordimiento.
Ya no recuerdo tus pecados ni los guardo contra ti. Los borro de Mi memoria porque te amo. He escuchado tus oraciones y te perdono todos tus pecados. Acepta mi clemencia y líbrate de la autocensura. Acepta el poder redentor de Mi sangre, que te limpia de todo pecado.

En los momentos sombríos, Yo seré tu luz. En los momentos de tristeza, seré tu alegría. En los momentos de lucha, seré tu liberación. En los momentos de debilidad, te infundiré fuerzas. En los momentos de incertidumbre, Yo seré tu explicación. En momentos de duda, seré fe para ti. Y algo más importante todavía: soy amor para ti. Te amo y te perdono.
No te desanimes, pues; no te descorazones. No mires atrás. No sientas remordimiento por errores o pecados cometidos. Lo pasado ya pasó. He cubierto esos errores y pecados. Lo que era como la grana será emblanquecido como la nieve. Como está lejos el oriente del occidente hice alejar de ti tus pecados.
Desde el primer momento en que imploras Mi perdón, desde el preciso instante en que clamas a Mí, te concedo Mi perdón. Por tanto, no hay ya motivo para que sigas preocupándote, temiendo y llevando la carga tú mismo.

Amada hija, te ruego que acudas a Mí ahora y contemples Mi rostro. ¿Qué ves? Mira atenta y detenidamente. ¿Ves en Mi mirada condenación o enojo? No. Mis ojos no reflejan sino amor, ternura y perdón para ti.
En las manos que te extiendo, ¿notas alguna intención de colocar sobre ti pesos de culpa, condenación y remordimiento? ¿Es eso lo que te traigo en Mis manos? En modo alguno. Mira bien. Mis manos fueron traspasadas por clavos. Lo que traigo en ellas es perdón, pues ya pagué por ti. Ya cargué con todos tus pecados: los pasados y los futuros. Ya tomé sobre Mí tus pecados. Desde este momento levanto de ti el peso de la culpa, el remordimiento y la condenación.
En este momento levanto esa carga de tu pecho y coloco en su lugar una blanca paloma de perdón. Sustituyo esa carga por el bálsamo de Mi amor y comprensión. La sustituyo por la sangre que derramé por ti en el Calvario cuando entregué la vida para que hallaras perdón, libertad y paz interior y te libraras de la carga que supondría tener que expiar tú misma tus pecados.
Te ruego que aceptes esa blanca paloma del perdón, el bálsamo de Mi amor y el poder curativo de la sangre que derramé por ti. ¿No comprendes que desde este mismo momento hay paz para ti?

He aquí que soy el Buen Pastor. Di la vida para salvar a los perdidos. Entregué Mi cuerpo para sanar a los quebrantados. No en vano sufrí todo eso. Lo hice para poder estrechar a Mis hijos contra Mi seno, consolarlos, amarlos y concederles perdón, redención y sanidad.
Tengo los brazos extendidos. Llevo en las manos magníficas dádivas para vosotros, hijos Míos, que estáis quebrantados y dolientes, que lloráis y padecéis. Tengo valiosos presentes para vosotros. Dádivas de amor, perdón, misericordia y sanidad. Todas esas cosas tengo en las manos, y os las daré generosamente si tan sólo extendéis la mano para tomarlas con fe.
Esas dádivas no se ganan a base de bondad y rectitud. Nunca podríais alcanzar tal grado de bondad como para haceros merecedores de los magníficos dones que os ofrezco. Mas os los daré gratuitamente si extendéis la mano por fe y aceptáis Mi amor, Mi misericordia, Mi perdón y Mi sanidad.

Si te presentaras ante Mí ahora, Mi amor te inundaría de tal manera que todos los pesares, los dolores y los malentendidos de ayer y de hoy se disiparían sin dejar rastro. Tan enorme es el amor que te tengo que no da lugar a la tristeza ni a la condenación. De presentarte ante Mí, Yo no te comunicaría más que amor y aceptación totales. Sabrías que todo te ha sido perdonado. No hay causa de temor en Mí. Yo me llevo todos los temores. En Mi amor no hay temor.
A pesar de que todavía moras en carne humana, confía en que el amor que te tengo no es menos intenso que el que te demostraré cuando llegues aquí y te presentes ante Mí. No estoy en este momento más distante de lo que estaré entonces. Tan presente estoy contigo en este momento como lo estaré entonces. Obtienes hoy el mismo perdón que obtendrás entonces. Nada tengo contra ti. Eres Mi tesoro, Mi amor.
Estoy tan enamorado de ti que Mi vista no capta ninguno de tus fallos e imperfecciones. El amor me ciega y me hace ver más allá de tus faltas y equivocaciones. Es un amor que solo ve lo bueno y las posibilidades que los demás no alcanzan a distinguir.
No te vigilo garrote en mano listo para atizarte al más mínimo error. No estoy a la espera de que tropieces y caigas para meterte otra vez en vereda de un estacazo. ¿Cómo iba a hacer eso? Yo también me he encontrado en tu lugar. Yo también adopté el manto de carne humana a fin de llegar a conocerte y a comprenderte cabalmente. Conozco las contrariedades que experimentas, cada uno de tus anhelos, la insuficiencia de la carne humana y hasta tus pecados ocultos. Me identifico con tu humanidad. Por ello he prometido que tendré misericordia de ti. Mis pensamientos para contigo son de paz, perdón, paciencia y compasión.

No me hables de tus errores. Yo te pregunto: ¿Qué errores? ¿Qué defectos? ¿Qué fracasos? No me hables del pasado. Para Mí no existe el pasado. No puedo decir que tengas imperfecciones o debilidades, porque en este momento no las veo. Cuando te miro, cuando observo tu corazón, para Mí ya no existen tus debilidades. Se esfuman a causa del gran amor que te tengo, el cual lo eclipsa todo. Ni se te ocurra, pues, explicarme lo innoble que eres, que no te servirá de nada. Te amo demasiado para notarlo.

¡Cuánto te amo! ¡Cómo deseo tenerte aquí en Mis brazos para siempre! Mi amor por ti es paciente y bondadoso. No quiero alejarte; ¡no lo soportaría! No soy un tirano que pretende que entres al Cielo a fuerza de latigazos. Soy gentil y lento para la ira con los que me aman. Para ti que guardas Mis testimonios, Mis caminos son sendas de misericordia y verdad. En la multitud de Mi misericordia te recibo. Jamás pretendería rechazarte. Prodigo misericordia y verdad a los que procuran hacer el bien.
Mis caminos son sendas de misericordia y, como he dicho, con misericordia y verdad se corrige el pecado. Te doy esto, amada, para que con Mi misericordia y Mi verdad encuentres el camino.

Amar al prójimo


Mi deseo es enseñarte a amar con un amor más grande, que abras los ojos al amor incondicional, que aprendas lo que significa, que participes de él, lo pongas en práctica y aprendas a amar al prójimo sin reservas.
Deseo que ahora contemples a cada uno como Yo lo contemplo: con amor infinito, inconmensurable, que aprendas a amar tal como se te ha amado a ti.
Aprende a amar a los demás con el mismo amor que te ha ayudado a salir adelante en muchas situaciones difíciles, el amor que te ha dado fuerzas para seguir adelante, el amor que te ha ayudado a perdonar, el amor que te ha permitido sincerarte: Mi amor.

Recibe la dádiva de amor que te ofrezco para que la entregues a los demás. ¿Cómo se recibe? Tal como recibirías cualquier otro regalo Mío: pidiendo, aceptando y creyendo. Y luego, ¿cómo compartes ese regalo con tus semejantes? Paso a paso, realizando un acto de amor seguido de otro, seguido de otro…
Recibe, pues, Mi ungimiento y aplícalo a situaciones concretas día tras día, paso a paso. Materialízalo de acto en acto, de palabra en palabra. En la medida en que hagas un esfuerzo para dar, compartir y amar, Yo te lo compensaré con creces. Verteré en ti un amor mayor, un nuevo amor, un amor fortalecedor.
Por tanto, no temas; simplemente recibe. Abre el corazón y di que sí. Abre el corazón y di: «Quiero tenerlo». Abre el corazón y recíbelo. Dará fruto en tu vida y en la vida de los que te rodean, de las personas a las que veas y con quienes tengas relación.

Hay muchas formas de manifestar Mi amor. Por ejemplo, puedes dar un saludo caluroso en vez de una mirada indiferente. Puedes tomar unos momentos para responder a una pregunta con consideración y franqueza, en vez de hacerlo ligero y aprisa, con lo que los demás se sienten subestimados o piensan que son un estorbo.
Mi amor se manifiesta de muchas formas: a base de perdón, de misericordia, de ternura, de amabilidad, de sencillez; con palabras de amor, de aliento y de elogio; con todo lo bueno y positivo que puedas decir de alguien; mediante pequeños actos de consideración; estimulando y recompensando a los demás; preocupándote por ellos; mostrándote atento; entregándote a ellos; dedicando tiempo a conversar, a escuchar y a compartir; ayudando a llevar la carga; rebajándote si hace falta para ayudar a una persona.

Cuando otros te fallen o cometan lo que a tu modo de ver son errores, en vez de contrariarte y estallar en ira, di: «Ruego por ellos. Los aprecio mucho. Quiero ayudarlos y facilitarles las cosas.» Abriga pensamientos amorosos por aquellas personas que te desesperan. Ora por ellas.
Gracias a esas oraciones y pensamientos, el amor que tienes en el corazón podrá impregnar tu espíritu y vencerá el orgullo y el egoísmo.

Hay dos vías: la de la resistencia y la de la sumisión. La de la sumisión es la vía fácil. Como cuando dos cabras coinciden frente a frente en un angosto sendero de montaña, y en lugar de embestirse, una se echa para dejar que la otra le pase por encima. Así quiero que hagas tú. De lo contrario no hay sino enfrentamiento y choque de cabezas. Es mucho más fácil echarse y dejar que la otra persona pase por encima. Te digo que lo dejes pasar, déjalo pasar.
Las cosas te resultarían más fáciles si cedieras y te doblegaras. No me refiero sólo a someterte a Mí, sino a avenirte a otras personas, estimando a los demás como superiores a ti misma. Debes adquirir esa humildad elemental, esa sencillez, ese amor. Así podré servirme de los dones que te he concedido.
Procura ser humilde. Esfuérzate por obrar con amor. Pon empeño en adquirir bondad y comprensión. Estas virtudes son joyas de gran valor que puedes lucir y que harán resaltar en ti la verdadera belleza de Dios. Busca la sencillez. Busca ser amorosa. Busca ser gentil. Sé que tienes esas cualidades, pues conozco bien tu corazón. Sé que en las fuentes de tu corazón están presentes esos deseos de estar llena de amor, de obrar con amor, de ser humilde, tierna, bondadosa, paciente y comprensiva. Mas para que en tu corazón afloren todas esas virtudes es preciso que te despojes del orgullo y el egoísmo.

Hay muchas cosas que te impiden amar. Pero te indicaré la forma de echar abajo esos obstáculos e impedimentos y te ayudaré a convertirte en una vasija de Mi amor.
Primero debes dejar que te llene. Una vasija oscilante, inquieta, no se puede llenar. Es preciso que estés quieto. Debes darme tiempo para llenarte. Debes ser como un vaso vacío, destapado e inmóvil que aguarda que Yo lo llene.
¿Piensas que puedes verter amor de tu propia fuente? Muy pronto descubrirás que tu amor será hallado falto. Cuando tengas roces con los demás, te fastidiarán sus idiosincrasias y peculiaridades. Ello dará pie a que pienses: «¿Dónde está ese gran amor que presumiblemente tengo?» Eres incapaz por ti mismo; hasta las cosas más nimias te irritarán. Mas con Mi poder sí puedes. Si te llenas de Mí y de Mi grandioso amor, tendrás más que suficiente. Ese amor rebosará sobre toda persona con la que te encuentres.
Si pasas ratos conmigo, saldrás de tus aposentos reflejando Mi amor en tu rostro. Quienes te vean sabrán que no es cosa tuya, sino Mía. Reconocerán que no es algo que provenga de tu propia fuerza, de tu propia energía. Sabrán que no es una costumbre que has adquirido o una destreza que posees. Si te retiras a tus aposentos y pasas tiempo conmigo, Yo te enseñaré a amar.

Yo soy el Creador de todas las cosas y juzgo el corazón. Conozco el corazón del hombre. Sé todo lo que en él se aloja. Por tanto, Mi juicio es justo y verdadero. El día del juicio, cuando comparezcáis delante de Mí, y se haga un repaso de vuestra vida, Yo juzgaré según cada acto y designio del corazón. De ese modo emitiré un justo juicio. He aquí que conozco el corazón del hombre, y no hay nada que me sea oculto.
Cuando pretendáis hacer algo, sabed que Yo veo y entiendo los pensamientos e intenciones de vuestro corazón. Que todos vuestros actos estén impulsados por el amor, Mi amor, amor entre vosotros y amor por Mí.

Claves para ser feliz


La felicidad de espíritu es mucho mayor que la de la carne. La conservas siempre contigo. Jamás cesa. Ni la noche más solitaria ni las nubes más grises pueden privarte de ella.
La felicidad de la carne es temporal. Un sentimiento efímero que depende de tu estado de ánimo, de las circunstancias que te rodean, de lo visible y lo tangible. En cambio, la felicidad de espíritu proviene de saber que Yo soy tu Salvador y que me intereso por ti.
La felicidad que Yo brindo es tan constante como el sol. ¿Acaso cuando el sol se pone por la tarde y desaparece en el horizonte te angustias pensando que se ha ido para siempre? ¿Dices a alguien: «Ya no hay sol en nuestra vida»? No. Es constante. Siempre es. Aunque cae la noche y no puedes verlo, nunca dudas de su existencia ni de que volverá a salir a la mañana siguiente. Así es la felicidad de espíritu: por muy presente que está, cuando cae la noche la pierdes de vista. Ese entonces es el momento de confiar y descansar hasta la mañana siguiente, cuando volverá a aparecer.
El gozo del Señor es tu fortaleza. ¿Cómo se obtiene ese gozo? En realidad, es sencillo: ámame con todo tu corazón, con toda tu mente, con toda tu alma y con todas tus fuerzas, y acuérdate también de amar a los demás. No te preocupe lo que piensen ni cuáles sean sus opiniones. Ten simplemente gestos de amor y de humildad. De hecho, la gente te respetará aún más si lo haces.
No olvides manifestar amor y desvelo por los que te rodean, y Yo te colmaré de Mi gozo, Mi paz y Mi felicidad.

Cuando el corazón del hombre está vacío, se siente infeliz e insatisfecho; ansía ser feliz y saciar el hambre que padece. Mira a su alrededor y ve lo que el mundo tiene por atractivo, y trata de llenar con ello ese vacío. Lo que no ve ni comprende es que para beneficiarse plenamente de Mis promesas debe cumplir con la parte que le toca.
Para algunos no es fácil, pues piensan que no hallarán felicidad en sacrificarse o entregarse por entero a Mí. No ven cómo eso podría hacerlos más felices o llenar esa sensación de vacío que los aflige interiormente.
En cambio, los que lo entregan todo por amor a Mí, los que entregan su vida desinteresadamente, rendidos a Mí, experimentan los verdaderos placeres y éxtasis de Mi Espíritu, los cuales no tienen comparación con ninguna otra cosa de este mundo. Eso llena el corazón como ninguna otra cosa. Mas la única forma de obtener esa satisfacción es a través de la entrega y sumisión totales a Mí.

Los sentimientos y emociones que experimentas son consecuencia directa de las decisiones que tomas, de los pensamientos que albergas, de las veces que optas por obrar abnegadamente, de las ocasiones en que te pones en el lugar de otra persona y dejas que tu corazón se quiebre y sea movido a compasión y amor.
Yo te premio con sentimientos de amor, unidad y felicidad. Te los otorgo según las decisiones que tomes y las opciones que elijas, es decir, según la forma en que por voluntad propia actúas, te brindas, reaccionas, te sacrificas y comprendes a los demás.

El gozo del Señor es tu fuerza. Es Mi voluntad que halles gran dicha y placer en servirme y amarme. Me alegra verte pasándolo bien, verte contento y riendo. Me agrada verte reír. Me complace verte feliz. Así pues, vive contento, pásalo bien y disfruta de la vida. Goza de tus comidas, de tu casa, de tus ratos de ejercicio, de tu trabajo, de los momentos que pasas en compañía de otros. Al disfrutar de todo eso me disfrutas a Mí. Me place verte feliz: de modo que sé feliz. No te inhibas de reír y de pasarlo bien.

Si bien llamo a todos con los brazos abiertos para que vengan y se entreguen a Mí, y así pueda Yo comunicarles Mi amor, Mi felicidad, Mi ungimiento, Mi satisfacción y Mi fortaleza, son muy pocos los que optan por acercarse y darse por entero a Mí.
¡Si supieras! Si pudieras ver lo que anhelo darte. ¡Cuánto ansío estrecharte en Mis brazos, volver realidad todos tus deseos y hacer estallar tu corazón de alegría, de forma que se desborde y derrame Mi amor sobre los demás! He ahí la verdadera felicidad y contentamiento.

Criatura mía, te parece que no tienes mucho que aportar. Sin embargo, si te fijas en los que no tienen ni saben nada, comprenderás lo rico que eres, lo verdaderamente acaudalado que eres en espíritu.
Considera lo siguiente: ¿Cómo te sentirías si ni siquiera me conocieras? ¿Qué pasaría si ni siquiera supieras que después de morir vendrías a Mis brazos? Imagínate que no supieras que Mi amor incondicional está a tu disposición, aun cuando no lo percibes. Supón que no supieras que te aguardan recompensas por todo lo que has hecho por Mí. ¿Cómo sería si ni siquiera supieras que la vida tiene una finalidad, que existe un Ser Superior, un Poder mayor que tú, capaz de proporcionarte respuestas, soluciones, salud, milagros, orientación, fortaleza y amor?
Imagina que no tuvieras nada de eso. Luego de ponerte en ese caso, echa nuevamente una mirada a tu vida y date cuenta de lo rico que eres en realidad y de los muchos bienes que posees: los bienes de Mi Espíritu, Mis Palabras.

Entrégame tu ser, tu espíritu, tu corazón, tu vida, y te daré felicidad. Te concederé dones que te reportarán satisfacción y dicha, de tal manera que te regocijarás con gran alegría.

Andar con Dios


En la medida en que te unes más a Mí y dejas que Mi amor y Mi Espíritu guíen todos tus pasos, más logras y más feliz eres. He ahí la clave del éxito, ya sea en esta vida o en la venidera.

Déjame que te revele el secreto de una conexión instantánea y perfecta conmigo. En cualquier momento, a cualquier hora, cuando te parezca que te has equivocado un poco, que el valor te abandona, que tus ánimos menguan, que tu felicidad y alegría disminuyen a causa de una conversación que tuviste, de unas palabras que oíste o de los ataques que te lanza Satanás, deténte por un momento y concéntrate en Mí.
Concentra el pensamiento en una imagen Mía y deja de pensar en tu trabajo. Despreocúpate de tanto atareamiento; deja de afanarte por los logros; abandona el ajetreo, las ocupaciones. Deja a un lado lo que ocupa tus pensamientos y entra en los aposentos del corazón. Abre la puerta y entra al aposento de Mi amor. Entra con paso suave, que te espero ahí. No te pido que me dediques mucho tiempo cada vez. Sólo te pido que con asiduidad me dediques breves momentos durante el día.
Ese es el secreto: que te escapes un rato varias veces al día para estar conmigo; que me tengas siempre presente en tus pensamientos y en lo que hagas. Habiendo gozado de Mi compañía te llevarás contigo un poco más de Mi resplandor, de Mi presencia, de Mi sabiduría, de Mi poder y de Mi Espíritu. Ello te ayudará en tus labores y en las decisiones que tomes.

Me deleito en el deseo que sientes por Mí. Cuanto más me deseas tú, más te deseo Yo. Ya te dije que si te acercabas a Dios, Él se acercaría a ti. Yo amo a todos Mis hijos. Cada uno es muy querido y entrañable para Mí. Pero paso más tiempo con los que me desean, con los que me aman.
Cuando haces una pausa y me llamas, se produce un vacío en el espíritu que puedo llenar. En cuanto oigo tu voz que me llama, Mi atención se vuelca hacia ti. Acudo a ti, te amo, te hablo y satisfago tu necesidad. Como dije, pide y se te dará, busca y hallarás, llama y se te abrirá. Del mismo modo, cuando me llames, cuando me busques, cuando toques suplicante a Mi puerta, ten la certeza de que allí estaré.
Búscame y me hallarás; implórame y allí estaré. Quienes más me aman, más tendrán de Mí. Estoy a la disposición de todos; no obstante, quienes me tendrán serán los que clamen a Mí de todo corazón. Me hallan los que temprano me buscan. Me poseerán los que clamen a Mí, los que invoquen Mi Nombre.

Esta es la paradoja de Dios: que los que carecen de fuerza propia irán de poder en poder. Mas los que se consideran fuertes, irán de debilidad en debilidad.
Debes poner los ojos en Mí si deseas el poder que solo Yo te puedo comunicar. Debes dejar de lado tu fuerza a cambio de la Mía. Tu fuerza humana no es sino debilidad según Mi óptica, y debiera serlo también según tu óptica. Cada uno debe tomar conciencia de esto personalmente.
Delante de ti están la fuerza y la debilidad. Te infundiré Mi fuerza si a cambio depones la tuya, la cual Yo califico de debilidad. Escoge hoy. Yo te daré abundantemente si de buen corazón entregas la vida para que otros vivan. El que procura salvar su vida, la perderá. Esta es la paradoja de Dios.

Eres como una piedra preciosa que no solo refleja la luz, sino que irradia calidez; calidez de espíritu, calidez que se traduce en compasión, en consuelo, en amor. Pero debes comprender que la verdadera calidez divina, el auténtico consuelo, la compasión y el amor divinos, provienen de permanecer en Mí, en Mis Palabras, y de dejar que ellas y Yo permanezcamos en ti. No es posible verter el amor, la compasión y el consuelo de Dios si no se está lleno de Mí.
Aprende, pues, a reposar en Mis brazos, a comulgar conmigo, a recibir de Mí, a absorber Mis Palabras, Mi Espíritu y Mi amor.
Debes acercarte a Mí para llenarte hasta rebosar y para que Mi Espíritu se vierta por medio de ti en gran abundancia. ¿Cómo puedes hacerlo? Amándome, acudiendo a Mí, absorbiendo Mis Palabras, creyendo, entregándote, poniendo por obra lo que te mando hacer. Por medio de esas pequeñas pruebas de amor, esos pequeños actos de obediencia, aprenderás a acercarte a Mí y a hacer lo que te mando que hagas. Así te llenarás de Mí, de Mi amor y Mi Espíritu.
Déjame que te envuelva con Mis manos, para que puedas absorber Mi calor y reflejar Mi luz. Por conducto de ti, Mi calor se irradiará entonces hacia los demás.

A lo largo de generaciones los hombres se han debatido entre apoyarse en el brazo de la carne -la fuerza humana- y recurrir al poder de Dios. Desde el principio de los siglos hasta el día de hoy, todos Mis hijos se han visto en el dilema de apoyarse en sus propias fuerzas o reclinarse en Mí. No han alcanzado a comprender que su servicio lo deben llevar a cabo con Mi poder, Mi energía y Mi fuerza; que ese es Mi deseo.
No han llegado a comprender del todo lo eficaz que es Mi poder mediante la oración, mediante Mi Palabra, mediante Mi guía. El poder y la fortaleza de Dios son enormes. Sin embargo, Mis hijos no lo aprovechan tanto como podrían.
¿No os dije: «Cuando claméis a Mí con todo el corazón, responderé»; «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá»? Esas no son meras palabras de hombre. ¡Son promesas de Dios! Servíos de estas promesas Mías y creed. Entonces tendréis unas fuerzas y un poder que desconocéis.

Hablar con Dios


Piensa en esto: ¿Cómo te sentirías si nunca recibieras una comunicación de la persona que amas? Probablemente te lo tomarías como un desaire. ¿Cómo te sentirías si nunca recibieras una carta de amor de la persona que más quieres, ni siquiera una breve nota? ¿O si transcurriera todo un día en que tu cónyuge no te dirigiera la palabra?
Cuando no recibo una sola palabra de ti se me desgarra el corazón. Me lleva a preguntarme si de veras me quieres y me necesitas. Comunícate. No te olvides de Mí, porque de tales sacrificios me agrado. La oración es comunicación.

Orar no es lo mínimo que puedes hacer, sino lo máximo. Piénsalo por un momento: si es lo máximo que puedes hacer, ¿por qué no oras más?
La oración es un medio muy poderoso. Si quieres Mi poder es necesario que ores. ¿Qué es la oración? Es el vínculo que te une a Dios. Es comunicación. Es explotar la mayor fuente de energía. Es ser fiel al deber más importante del hombre. Orar es sinónimo de reposo, fe y confianza absoluta.
La oración hace descender Mi paz sobre ti. La oración es dinámica. Te levanta el ánimo. Altera el curso de los acontecimientos. La oración sana, reaviva, regenera, edifica. La oración es humildad, es Mi amor. La oración mueve Mi mano y me impulsa a actuar. La oración logra resultados. Es la gracia salvadora para la humanidad.
Lo más importante es que la oración nos une a los dos. Nos funde para que tú también puedas valerte de Mi poder.

Hay un sinfín de formas de orar. Hay momentos para desahogarme el corazón en clamor vehemente y ruegos fervorosos. Pero hay también momentos en que debes guardar silencio con serenidad, en humilde búsqueda de Mí, susurrándome suavemente tus peticiones y comunicándome lo que necesitas.
Hay momentos en que debes orar sobre la marcha, presentándome en silencio las peticiones de tu corazón; y hay otros en que es preciso que hagas una pausa y lo dejes todo de lado para buscar Mi rostro. Todos estos medios de acudir a Mí son importantes y todos tienen su momento y su razón de ser.
Poco importa la postura del cuerpo; lo importante es la actitud del corazón. Haz largas plegarias cuando sea necesario; pronuncia una breve oración cuando tengas prisa. Hay tiempo de orar brevemente y tiempo de rezar largo y tendido. Debes aprender a hacer ambas cosas. Ruega por breve o por largo tiempo según la necesidad. En todo caso, ¡ora! Es importante que te bases en la oración. Vive conforme a tus oraciones. No desfallezcas en la oración.

Nada me es oculto. Conozco todos los pensamientos y deseos, y hasta la más íntima de las oraciones. Cada vez que alzas los ojos a Mí, que clamas a Mí, estoy a tu lado, oigo tus súplicas y Mi corazón se mueve a compasión. Jamás se me endurece. Jamás me canso de escucharte. Jamás te rechazo. Nunca me duermo. Nunca coloco en Mi puerta un cartel rogando que nadie me moleste. Jamás estoy pensando en otra cosa. Nunca estoy demasiado cansado u ocupado para atenderte. Siempre oigo y respondo tus ruegos: unas veces de la forma en que deseas y otras de maneras que ignoras, o que aún no puedes ver. En todo caso, siempre oigo y respondo.

Ven. Sube a las montañas donde los arroyos son puros y cristalinos. Escala hasta donde el aire no está contaminado. Trepa cada vez más alto, dejando atrás las cosas de este mundo, y hallaras pureza de espíritu, pureza de corazón.
Ven a Mí con la copa en la mano, y ve si no te serviré del agua fresca de Mi Espíritu. Si acudes a Mí en oración, me buscas y me pides que derrame sobre ti Mi Espíritu, lo derramaré.
¿Seguirás trepando? ¿Echarás de ti las cosas del mundo que te sobrecargan? ¿Pondrás la mira en las cosas de arriba? ¿Pondrás los ojos en Mi rostro, únicamente en Mi rostro? ¿Beberás de Mi pozo, únicamente de Mi pozo? ¿Vendrás a Mí para que vierta sobre ti las bellezas de Mi Espíritu?

Ora y ora, una y otra vez. Me fascina. Lo deseo. Lo necesito. Me deleito en ello. Me agrada mantener una estrecha comunicación contigo para que seamos uno. Todas tus oraciones son importantes. Algunas tienen distintas finalidades, pero todas son importantes. No dejes, pues, de orar.
Deseo estar en constante comunicación contigo, mantener un vínculo continuo contigo. Recurre a todos los medios posibles y deja que Yo haga llover Mis riquezas espirituales. Todo lo Mío es tuyo. Te lo ofrezco gratuitamente de un pozo que nunca se seca. ¿Para qué conformarte con lo humano pudiendo tener lo divino? ¡Recibe Mi poder! Está a tu alcance, a tu entera disposición.

Oraciones breves, oraciones largas, en grupo o en privado, fervientes o rápidas; oraciones en silencio, mientras caminas o cuando yaces en la cama; oraciones matinales, vespertinas o nocturnas; oraciones entre una actividad y otra; oraciones por tus necesidades o por tus deseos; oraciones pidiendo protección, pidiendo curación, por tu trabajo, por tus viajes; oraciones para obtener victorias; oraciones de liberación o pidiendo consuelo, guía o sabiduría; oraciones por más amor, por milagros, por situaciones difíciles, por los demás, por ti mismo; oraciones para cambiar la historia o para transformar corazones: dirígemelas todas a Mí.

Extiende la mano hacia Mí en la mañana, extiéndela en la tarde y en distintos momentos del día. Háblame a lo largo de la jornada. Ámame y alábame. No te alejes mucho. No permitas que los intervalos entre los momentos que pasas conmigo se prolonguen cada vez más. No pierdas contacto por un instante. Basta con una palabra, una mirada.
Reserva cada día un momento exclusivamente para nosotros. Un momento que puedas esperar con ilusión. Un momento en que puedas dar descanso a tu cuerpo y recostarte en Mis brazos. Un momento en que podamos hablar, en que podamos reír, en que podamos llorar. Lo que desees hacer o lo que desees decirme, dímelo. Estaré pendiente de ti. Te espero.

Escuchar la voz de Dios


Cuando te apartes de los demás y en la quietud de tus aposentos pases un rato conmigo, te hablaré en susurros. Al comienzo lo que te diga no será audible siquiera. Simplemente te daré la paz que te hace falta. Te susurraré al oído Palabras de amor que consolarán tu alma.
Sin embargo, a medida que seas más constante en tomar ese tiempo conmigo, siempre acudiendo a Mí con fe, creyendo que Yo estoy allí esperándote, que entro contigo en los aposentos silenciosos de tu corazón, en tanto que lo hagas con más y más asiduidad, comenzarás a oírme con mayor claridad. Escuchar Mi voz espiritualmente es un hábito que hay que cultivar. Exige práctica. Al principio requiere gran concentración y esfuerzo, pero poco a poco vas aprendiendo y empiezas a oír o a ver lo que te comunico.
Es comparable a un guitarrista que aprende a afinar su instrumento. Al principio le resulta muy difícil. Tiene que concentrarse y prestar atención para distinguir qué cuerdas están desafinadas, qué clavijas deben ajustarse y cuáles deben aflojarse. Sin embargo, al cabo de un tiempo lo hace con total naturalidad y casi sin pensarlo.
Lo mismo ocurrirá cuando aprendas a escucharme. Ven con regularidad, entra en los aposentos tranquilos de tu corazón y sintoniza con Mi voz. Susúrrame palabras de amor y espera que Yo haga lo propio. Paulatinamente llegarás a escucharme con más claridad. En poco tiempo ya no te llevará ningún esfuerzo. Podrás entrar silenciosamente en el aposento y escucharme con total nitidez. Ni siquiera dudarás de si se trata de Mí. Ya no tendrás que agudizar el oído, sino que Mi silbo apacible se hará oír en tu corazón para instruirte.

Yo emito a toda hora. Simplemente tienes que aprender a sintonizar y recibir la señal. Otorgo el don de escucharme a cualquiera que lo desee. Es gratuito. Semejante a una emisora radial que transmite a toda hora. Cualquiera que tenga un receptor puede sintonizar y captar los sonidos, la música, la programación. He puesto un receptor en cada persona. Lo único que hay que hacer es aprender a emplearlo. Ello requiere cierto esfuerzo. No te desanimes si al comienzo la señal no es muy clara. Sigue practicando, no dejes de acudir a Mí. Sigue aguardando con paciencia, y poco a poco llegarás a escuchar con mayor claridad.
A medida que el mundo se torna más complicado tendrás más necesidad de Mí para que te ayude a atravesar ese laberinto de complejidades. Deberás invocar Mi guía y Mi ayuda. Soy capaz de revelarte cosas que no puedes ver con los ojos. Puedo enseñarte muchos asuntos que no conoces. Así, el mundo se asombrará de la sabiduría que posees, de tu conocimiento, de tu comprensión de los sucesos. Todo ello te prometo si tan sólo me buscas y me escuchas.
Por tanto, no temas, no tengas miedo de preguntar. ¿Te daba miedo hacerle preguntas a tu padre o a tu madre cuando eras joven y no conocías las respuestas, pero las deseabas vivamente? No. No temías; simplemente preguntabas, y ellos te respondían. De igual manera sucede conmigo.
Adquiere una mayor sensibilidad a Mí y a Mi Espíritu. Apunta tu antena espiritual hacia arriba. Permanece bien atento, pues es mucho lo que te quiero decir.

Te enseñaré a escuchar Mi voz. El día se acerca en que será importantísimo que lo hagas, en que te verás obligado a hacer uso de Mi poder, de Mis recursos. Ahora bien, esos recursos ya están a tu disposición, para lo que se te antoje. Pide, busca, ten fe.
Cuando tienes la cabeza llena de tus propias ideas y planes, cuando tienes una idea fija y no quieres detenerte a mirar, a escuchar, cuando no quieres ir más despacio, orando continuamente, luego resulta que no te encuentras en el momento oportuno en el lugar que Yo he dispuesto, o que no le dices o haces a cierta persona algo que hacía falta. Entonces Mi plan se frustra, y eso es causa de desilusión. En cambio, ¡qué gran alegría y regocijo se produce cuando participas en el plan de Dios y todo va sobre ruedas! Hay gran alegría y felicidad tanto en el mundo espiritual como en tu corazón cuando ves la respuesta a tus oraciones y palpas el poder de Dios.

Me agrada oírte clamar a Mí. Me agrada oírte cuando me buscas. Me agrada que dediques a escucharme un tiempo que te parece valiosísimo. Si dedicas tiempo a escucharme, me tomaré tiempo para responder, ofrecer soluciones a tus problemas, proveer para tus necesidades y darte mucho más abundantemente de lo que podrías pedir o hasta pensar. No he dejado de hacerlo ni una sola vez. Desde el principio de los tiempos hasta este día jamás he dejado de escuchar y responder las peticiones que brotan de labios de Mis hijos.
¡Buenos días! ¡Amanece un nuevo día! Una oportunidad de empezar de nuevo. Todo es límpido. Todo es nuevo, salvo el amor que siento por ti, el cual ha sido desde el principio. Hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana.
Heme aquí junto a tu lecho, en el momento en que despiertas. Estoy listo y a la espera de amarte y escucharte. ¿Qué deseas que haga por ti hoy? Estoy contigo, presto a ayudarte. ¿Qué preguntas tienes que quieres que te conteste? Me agrada ayudarte y responder a tus interrogantes. ¿Qué problemas quieres que resuelva hoy? ¿Quieres que vaya a algún sitio? ¿Hay algún encargo o diligencia que quieras encomendarme? ¿Quieres que obre en el corazón de alguien? Heme aquí, presto a ayudarte.
Cuando estuve en la Tierra fui tu siervo, y todavía lo soy. Cuando necesites que haga algo, no tienes más que pedírmelo: en todo momento estoy deseoso de ayudarte. No he dejado de dar respuestas y soluciones, de resolver situaciones, de obrar milagros. ¿Te encuentras en una situación complicada? Para Mí no hay nada difícil. Antes que me cuentes tus preocupaciones, estoy pronto a remediarlas. Desde mucho antes que despiertes, aguardo junto a tu cama con las soluciones ya preparadas. No tienes más que venir a hablar un rato conmigo y permitirme que te las comunique. Te amo.
Quisiera que todos Mis hijos fueran tan insaciables que desearan escuchar Mi voz y comer de Mi mano, que me pidieran las instrucciones que necesitan, la orientación que buscan; que en vez de trastabillar en las tinieblas me pidieran luz para alumbrar su camino. Soy una gran luz, mas sólo puedo iluminar a quienes busquen y me lo pidan.
¡Cuánto mejor es hallar el camino en la luz que en la oscuridad! ¡Cuánto mejor es que pongas tu mano en la Mía y permitas que te conduzca hacia donde debes dirigirte que buscar el camino por tus propios medios e ir a los tumbos por senderos y callejuelas equivocados, y tener que retroceder, o perderte entre las zarzas y matorrales! ¡Cuánto mejor es preguntar al Guía!
¿Por qué no me preguntas? ¿Acaso te da vergüenza? ¿Te asusta? No tengas miedo. ¿No he dicho acaso: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá»? Esas son Mis Palabras. ¿No he dicho: «Clama a Mí, y Yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que no conoces»? Esas son Mis promesas. ¿No he dicho que quienes más me aman, más de cerca me siguen? Si me amas, pasarás tiempo conmigo. Y si me dedicas tiempo, me hablarás. Si me hablas, también escucharás. Yo entonces te hablaré y te indicaré el camino. Así podrás seguirme de cerca.

Permanece en Mí y Yo en ti; como el sarmiento no puede llevar fruto por sí mismo, tampoco tú puedes. Cuanto más clames a Mí y más pongas los ojos en Mí, cuanto más te apoyes en Mí, más fruto podrás dar para Mi Reino.
Si vas conmigo al huerto de la oración, te hablaré y te revelaré cosas que te llevarán a dar más fruto y a un mayor conocimiento de la verdad. Pero tienes que hacer el esfuerzo de sentarte a Mis pies y tener paciencia para escuchar y oír las Palabras de verdad, las Palabras de vida, que aún tengo que darte, a fin de que seas más fructífero, de que pongas los ojos más en Mí en los días venideros.

Intimas son las Palabras que te susurro al oído. Así como di un soplo sobre Mis apóstoles y discípulos de antaño, diciendo: «Recibid el Espíritu Santo», soplaré en tu oído Mi Espíritu, Mis Palabras, Mis instrucciones, a fin de que puedas cumplir lo que he ordenado. Las Palabras que te hablo son espíritu y son vida. Escucharlas te infundirá fe: fe para escalar montañas, fe para superar obstáculos. Tendrás una fe que nadie más te puede transmitir.
Mis Palabras son vida y espíritu para ti. Presta oído, pues, a Mis instrucciones, así como una persona enamorada escucha lo que le dice su amor al oído. Yo te susurraré al oído Mis Palabras de consuelo, de amor y de instrucción, dirigidas a ti particularmente.

Ora y pídeme que te infunda verdaderos deseos de escuchar Mi voz. Deja que Mi voz te guíe, te sustente y te mantenga cerca de Mí.
Mis Palabras son vigorosas. Son vida, verdad, energía. Te darán fortaleza y gracia para seguir adelante. Te ofrecerán respuestas y soluciones en cada situación. Satisfarán cada una de tus necesidades. Te proporcionarán orientación y consejo. Te sustentarán cuando estés agotado o débil, cuando te sientas desfa­­­llecer. Te infundirán paz cuando estés confundido y cansado. Te darán energía y gracia cuando te parezca que no puedes más.
Recu­­­rre a Mis Palabras. Ora con toda el alma, y vendré a ti. Atenderé a tu llamado. Vendré pronto a ti y llenaré tu necesidad.

Vierto muchos arroyos de Mi Palabra, con abundante y generoso caudal. Te he dado libre acceso a las bóvedas de los Cielos donde se guardan Mis tesoros. Están todas a tu disposición. Basta que me lo pidas. Te abro los depósitos del Cielo. Te doy libre acceso a Mi Palabra viviente, pues tienes necesidad de ella. Ten presente que la batalla espiritual se libra en la Tierra. Ahí es donde tienes necesidad de que Yo mismo te conduzca comunicándome directamente contigo, que te dé Mis órdenes explícitas, Mi caudal de sabiduría, y te enseñe Mi estrategia para ganar la guerra espiritual.
A ti, amado Mío, te concedo acceso a los almacenes del Cielo -siempre y cuando los abras con la mano de la fe-, a fin de que halles auxilio y fortaleza, instrucción y orientación en tu hora de necesidad.

No te desanimes si tus primeros intentos resultan difíciles, si te da la impresión de que no me oyes. Simplemente retírate a los aposentos de tu corazón, a Mi sitio preferido, en lo recóndito de tu alma, ese rincón hecho para Mí. Entra silenciosamente y aguarda hasta que Mi paz te embargue. Espera hasta que Mi perfecta paz y Mi consuelo hayan satisfecho tu ansia. Luego regresa con más frecuencia a escuchar Mis susurros. Así, poco a poco irás recibiendo más de Mí.

Leer la Palabra de Dios


Independientemente de la magnitud del mal, la solución radica en dejar que penetre Mi luz. El secreto de la victoria está en la Palabra. Cualquiera que sea la debilidad -excesos, impaciencia, pereza, desidia, descuido, mundanería, orgullo, celos, complejo de inferioridad, dudas-, sea cual sea la falta, la flaqueza, el error, en Mi Palabra yace el secreto de la superación. En Mi Palabra está la clave para lograr una victoria duradera. Cuando Mi Palabra toca vivamente un corazón, lo imbuye de poder y fortaleza duraderos.
Sé bueno contigo mismo: apaciéntate de Mi Palabra. Luego propágala entre quienes necesiten ayuda. Transmítela, comunícala, obra conforme a ella, habla de ella. Ponla por obra y embébete de ella hasta que te salga por los poros. Si tu hermano o tu hermana caen, levántalos con Mi Palabra.

Pocos son los que dedican tiempo a descansar en Mis brazos y extraer fuerzas de Mi Espíritu y de Mi Palabra. Quiero que hagas esto por Mí: que dediques tiempo a Mi Palabra. Al absorberla encontrarás fe, paz y reposo. El recién nacido no puede crecer ni alimentarse si no pasa tiempo descansando en los brazos de su madre, mamando la leche nutritiva de sus pechos. Asimismo tú debes reposar en Mis brazos y oír Mis Palabras para que al asimilarlas crezcas en la fe.
Esta es una parte muy necesaria de tu crecimiento en Mi Espíritu. Consiste en andar conmigo, conversar conmigo, escucharme, arraigarte y cimentarte en Mí, en Mi Palabra y en la fe. Ten mucho cuidado para que los afanes y las cargas de esta vida terrena, de este mundo, no te absorban tanto que no te dejen tiempo para esos ratos a solas conmigo.

Llena tu corazón, tu alma y tu mente de todo lo bueno -la instrucción, el consejo, la inspiración y las soluciones que te proporciona Mi Palabra-; así morirán todas las malévolas semillas de desánimo, temor y abatimiento. Se esfumarán, desaparecerán.
Fija la vista en Mí. Abre las ventanas de tu alma y corazón. Deja que Mi luz, Mi amor y Mi energía te colmen y te renueven una vez más. Acepta Mi Palabra con corazón creyente y una mente dispuesta. Recíbela.
Aférrate a Mis Palabras. Serán como un pilar macizo al que te podrás asir cuando las aguas y los torrentes te azoten con furia, te salpiquen y se agiten a tu alrededor. Mi Palabra es como una roca alta sobre la cual puedes afirmarte sin temor a caer, sobre la que puedes apoyarte sabiendo que es una base sólida.

El regalo que te he hecho es la llave maestra, la llave que abre paso a los tesoros que desde hace mucho deseo facilitarte. Ha llegado el momento. La llave es la fe; el tesoro, Mi Palabra.
No quiero que esas riquezas sean sólo para ti. Mi deseo es que todos Mis hijos participen de Mis tesoros. Mas para poder compartirlos con otros es necesario que primero los obtengas tú, los aceptes y los creas. Asimílalos y deja que lleguen a formar parte integral de tu ser. Deja que te llenen de modo que reboses sobre los demás, que te broten por los ojos, por los oídos y por la boca y se viertan sobre cuantos pasen a tu lado.

Debes empaparte de Mi Palabra para que se lleve las semillas de duda sembradas por Satanás. Es preciso que embebas Mi Palabra, la asimiles y hagas de ella el eje central de tu vida. En gran medida te has visto expuesto a la contaminación del Diablo, que pretende oprimirte. No obstante, puedes librarte de toda la confusión, las tinieblas y las dudas. He aquí que, tal como he prometido, la exposición de Mis palabras alumbra; da entendimiento.
Pruébame ahora en esto. Toma Mi Palabra en tu regazo. Embébela. Absórbela. Vive de ella. Deja que te limpie, te lave y te libre del dolor ocasionado por el Enemigo. No te entregues a él ni sigas su camino. Jamás apartes la vista de Mi rostro.
Que Mis Palabras estén delante de ti. Colócalas en tus muros. Ponlas junto a tu cama, llévalas en el bolsillo. Mis Palabras son vida y son verdad. Absórbelas, escúchalas, habla de ellas y piensa en ellas.

No puedes cerrar los ojos, taparte los oídos y dejar de percibir todo lo que hay en el mundo, ya que el mundo te rodea y estás en él. Pero si no quieres ser de este mundo, debes depurarte con el antídoto de Mi Palabra. Así serás puro con la Palabra que te he hablado.
Oye Mis Palabras, escúchalas y créelas, pues Satanás ha pedido permiso para derrotarte. No mediante un gran diluvio, sino debilitándote un poco por aquí y otro poco por allá; minando los cimientos por aquí y por allá; sembrando una incredulidad por acá, una duda más allá, y por medio de algunas de tus propias conclusiones erróneas.
Mis Palabras son aguas que dan vida. Purifican tu espíritu. Nutren tu alma. Fortalecen tu pensamiento y tu corazón, y te acercan a Mí.
Lleva Mi Palabra en tu corazón, en tus pensamientos y en tus labios. Que Mis Palabras te llenen hasta rebosar, de tal modo que irradies su calor, su alegría, su amor y su optimismo. Vive según Mi Palabra y según el amor que entrañan sus páginas. He aquí que Mi amor es sinónimo de Mi Palabra. Una vez que ese amor llene tu corazón, tus pensamientos y tu espíritu, emanará de ti. Los demás lo percibirán cuando estén a tu lado. Te envolverá en un aura de amor que otros querrán también poseer y disfrutar.

Te he dado el mensaje escrito. He llorado como llora un padre por los hijos que ha perdido. Te he implorado: «¡Cree lo que dice Mi Palabra! ¡Obedécela! ¡Confía en ella!» Si lo haces, te esperan grandes cosas: ¡maravillas, alegrías y éxtasis! Son pocos los que obedecen con toda el alma. Muchos son los que siguen con inquietud, con temor, con incertidumbre. Es cierto que obedecen, mas no lo hacen de todo corazón. Cuánto anhelo que obedezcas de buen grado. Alcanzarás entonces pleno gozo y vida.

Soy capaz de renovarte y darte paz interior. Descansa en Mi Palabra; ella te guardará. Medita en Mis Palabras; te librarán de todo temor, duda o padecimiento causado por el Diablo. Ahonda en Mi Palabra de ayer y de hoy. Yo puedo darte la paz, el consuelo y las fuerzas que necesitas, y librarte del temor, las preocupaciones y las dudas. Soy la única fuente de paz, por cuanto soy paz y soy amor.
No tienes más que acudir a Mí y reposar de lleno en Mi Espíritu y Mis Palabras. Todo lo que te pido es que vengas a Mí, que me invoques y me dejes obrar en ti. Deja que Mis Palabras actúen en tu interior y te impartan fortaleza y fe. He aquí que fuera de Mi Palabra nada puede infundirte fe; sólo ella es capaz de hacerlo. En Mi Palabra se encuentra todo. Mi Palabra es la fuente, y puede proporcionarte cuanto necesitas.

¿Crees, y a consecuencia de e­­­llo recibes? ¿O esperas a recibir para creer? Es tu fe lo que me agrada. Tu fe, el hecho de que crees, de que te apoyas en Mi Palabra, es lo que atrae hacia ti las bendiciones que te tengo reservadas. No hay otra manera de obtenerlas. Para recibirlas es imprescindible que creas.
Te pido que te afirmes sobre Mi Palabra, creyendo en lo invisible. Así recibirás riquezas del Cielo y aumentará tu fe. Descubrirás que quien se afirma en Mis Palabras y en todo lo que he hablado, es quien recibe Mi bendición, el que presencia milagros, el que percibe a Mi Espíritu actuar y se regocija al ver obrar Mi mano en su vida.
Así pues, si deseas obtener lo que pides, cree y da por concedida la respuesta. Lee Mi Palabra, créela, afírmate en e­­­lla, y recibirás Mi bendición. Sabrás que Mi Palabra es veraz. Sólo hay una forma de descubrirlo: poniéndola a prueba. Afírmate sobre ella, confía en e­­­lla y verás cómo actúo, cómo obro, cómo de­­­rramo bendiciones sobre ti y sobre tus seres queridos.

Echa toda tu ansiedad sobre Mí, que Yo cuido de ti. Te hice esa promesa en Mi Palabra; pero también es cierto lo contrario. Si no tienes fe y confianza para encomendármelo todo y depositar toda tu ansiedad en Mis amorosas manos, no puedo cuidarte cabalmente y encargarme de todo, tal como me gustaría.
Cuando los que están fuertes en la Palabra y son ricos en fe se lanzan apoyados en Mis promesas, con la plena confianza de que supliré todo lo que les falte, Yo puedo cumplir Mi Palabra y premiarlos obrando prodigios y maravi­­­llas. En cambio, los que no han ingerido suficiente Palabra están debilitados. Carecen de fe y confianza. No son capaces de aventurarse con plena fe. No tienen la fe necesaria para creer que Yo cumpliré con la parte que me toca. Esa falta de fe me impide satisfacer sus necesidades.
¡Cuánto anhelo que Mis hijos se fortalezcan en la fe dándose un festín con Mi Palabra! Es una solución tan senci­­­lla, para algunos casi demasiado. Sin embargo, esa pequeña llave es capaz de abrir una puerta descomunal. Es el corredor que conduce al mundo de Mis bendiciones y de Mis respuestas a las oraciones.

A vosotros, hijos Míos, os concedo un poquito de Cielo, para que viva en vuestros corazones. Día tras día os doy una pizca de Cielo. Lo hago de muchas formas. Con pequeñas muestras de amor en un mundo frío, muestras de abastecimiento en un mundo que sufre escasez, pequeñas manifestaciones de comprensión, compasión y misericordia en un mundo indiferente.
Os doy muchas muestras de amor, que cobran diversas formas y se plasman de distintas maneras. Sin embargo, la más sublime que os prodigo es la de Mis Palabras vivificadoras. Tened en cuenta que estas Palabras son espíritu y son vida; encarnan el amor y me encarnan a Mí.

Alabar a Dios


¡Quisiera que Mis hijos se aficionaran a alabarme! ¡Ojalá tuvieran constantemente una palabra y una canción de alabanza en el corazón y en los labios! Cuando alabáis, puedo envolveros en Mi Espíritu. La alabanza ayuda a repeler los asaltos de dudas, temores y preocupaciones con que el Maligno os combate mentalmente. La alabanza otorga gran fortaleza, ya que hace que vuestros pensamientos permanezcan en Mí.

Decís: «¡Enséñanos cómo podemos agradarte!» Yo os digo: Cantadme. Cantadme con acción de gracias. Cantadme con voz de alabanza. Cantadme con voz de amor. Cantadme con voz de júbilo. Cantadme apasionadamente. Cantadme vuestras oraciones. Sabed que en Mi Reino se canta mucho. Se toca mucha música celestial, con la cual se me venera, se me alaba y se me entonan oraciones.
A los que consideráis que no cantáis bien os digo que Yo escucho en el Espíritu. Oigo el canto que sale del corazón, no sólo la melodía que brota de los labios. No os inhibáis, pues, de cantarme y alabarme con cánticos. Me complace oír vuestras palabras de ternura, de alabanza, de gratitud, de apremio, de entrega y de amor. Me encanta oírlas expresadas por medio de la música, por medio de plegarias y por medio del pensamiento.

Las palabras de alabanza que brotan de tus labios, de tu corazón y de tu espíritu, dirigidas a Mi corazón y a Mi Espíritu, son el gozo de Mi vida. Exprésamelas en todo momento. Dirígemelas cuando quieras. Nunca te dé timidez ni temor expresar la gratitud que sientes Mí y por el Amor que te he manifestado.
Me encantan tus palabras, todas sin excepción. Digas lo que digas, te comprendo. Aunque te parezca que tus palabras se quedan cortas, las comprendo. Todo lo que me dices significa mucho para Mí. Cada expresión de alabanza y de gratitud me conmueve vivamente y me satisface.

La alabanza es vital. Es un don preciado, de gran estima. Es lo que se hace en el Reino de Dios. La alabanza se opone a los caminos del mundo. El Diablo sujeta a sus hijos a esclavitud por medio del temor, la ansiedad, las contiendas, el resentimiento y la murmuración. Mas Yo anhelo conducir a Mis hijos a la libertad por medio de la alabanza y la acción de gracias.

Hallo gran complacencia en las alabanzas de Mis hijos. Así como vosotros os agradáis de los cumplidos y elogios de vuestros seres queridos, Yo me regocijo en gran manera en la alabanza de Mi Esposa, la Esposa de Cristo. A medida que me alabéis por las bendiciones que os otorgo, por todo lo que os proveo, por Mi protección, por las palabras de amor que os dirijo, por la orientación que os doy, abriré las ventanas de los Cielos y derramaré estas cosas con mayor abundancia aún.

¿Deseas ser más una persona más amorosa? Ámame. ¿Quieres manifestar mayor gratitud? Dame gracias por Mis bendiciones. ¿Anhelas tener más una actitud de alabanza? Pasa tiempo enalteciéndome. ¿Ansías colgar los vicios que te tienen esclavizado? Pasa tiempo conmigo amándome, ensalzándome y adorándome, y te concederé los deseos de tu corazón.
No tienes por qué preocuparte, por qué temer ni inquietarte. A medida que me ames, Yo eliminaré todas las preocupaciones. A medida que me alabes, expulsaré todos los temores. A medida que pases tiempo conmigo, huirán las tinieblas. Yo habito entre las alabanzas de Mi pueblo.

Mi Espíritu produce alborozo e inmensa libertad de espíritu. No lo sofoques. Deja que arda.
En tu júbilo, alábame. En tu júbilo, adórame. En tu júbilo, cántame. Así tus hijos verán el gozo y la felicidad que hallas en Mí. Desearán y buscarán ese júbilo, y también ellos hallarán felicidad en Mí al ver que tú cobras vida en Mi Espíritu con Mi gozo, Mi libertad, Mi alabanza y Mis cánticos en tus labios. Serán testigos de la transformación de tu espíritu, y ellos también se regocijarán y serán partícipes de las libertades que Yo prodigo.
Por tanto regocíjate. Alégrate. Cántame un cántico nuevo. Un cántico de alegría, de felicidad, de libertad, porque deseo liberarte con Mi amor, con Mis palabras, liberarte con Mi fuerza y con Mi alegría.

Servir a Dios


Amo a todos Mis hijos. Los amo tanto que di la vida por cada uno de ellos. Morí en la cruz para salvarlos. Mi amor es tan grande que muchos no lo entienden. Muchos no comprenden cómo pude venir a la Tierra y morir en una cruz para redimir a la humanidad. Hoy en día la gente pone en tela de juicio que Yo sea el Hijo de Dios y quien afirmo ser. Por tanto, encomiendo a personas como tú la misión de proclamar este mensaje al mundo entero.
Necesito tu ayuda para difundir la nueva de que soy la verdad, de que soy amor y la única luz de este mundo. Estos tiempos son cada vez más tenebrosos. El mundo se ve anegado por tal avalancha de mentiras que a la gente le cuesta aceptar la sencillez del Evangelio y de Mi amor. Por esta razón te he escogido a ti para que ayudes a difundir Mis Palabras entre los perdidos.

Muchos se sorprenderán cuando lleguen a Mi Reino celestial y se den cuenta de la enorme importancia del amor, de las muestras de amor, así como de los actos de amor que pasan inadvertidos. Amar es más importante que muchas cosas a las que se confiere gran valor.
Ha llegado el día de elegir. ¿Quién responderá a la convocatoria? Digo hoy a todos Mis hijos: ¿Cuánto vais a amar? ¿Cuánto vais a pensar en los demás? ¿Hasta qué punto os vais a entregar? ¿Hasta qué punto dejaréis de lado vuestros planes particulares, vuestras preferencias, a fin de entregar amor a los que tienen necesidad?
No tengo más ojos que los tuyos, más labios que los tuyos, ni más manos que las tuyas. Buena parte del amor que Yo demuestro sólo se hace evidente cuando un ser humano se lo transmite a otro. Gran parte del consuelo, el aliento y el afecto que deseo comunicar requiere de personas que me sirvan de instrumento. Tú eres el mejor medio que tengo de manifestar Mi amor.

Es hora de que mires hacia afuera en lugar de observarte interiormente. No guardes para ti las bendiciones que has recibido; deja la introspección. Mira más bien hacia afuera, a los que sufren, los sedientos, los hambrientos, los desesperados, los necesitados y los agonizantes. Mueren espiritualmente sin Mis Palabras, sin Mi verdad. Tú tienes en abundancia. Por eso, da en abundancia.
Da, y se te dará. Derramaré Mi amor sobre ti y te investiré de gran fortaleza y ungimiento cuando vayas a predicar Mi Evangelio, Mi Palabra, Mi amor. De esa forma sanarás el corazón de los necesitados.

En la noche, cuando te acuestes, piensa en el amor que te he otorgado. Evoca las innumerables bendiciones de que gozas, y tomarás conciencia de que en muchos detallitos y atenciones y por medio de muchas personas, te he dado un beso, una caricia, unas palabras, una bendición. Te he amado de modo muy personal, en muchos aspectos.
Te pido también que pienses y determines cuánto amor has manifestado tú. ¿Qué has hecho para demostrar amor a otra persona, de suerte que a través de tu gesto esa persona sienta también el amor que Yo abrigo por ella? ¿No he dicho acaso que hay mayor felicidad en dar que en recibir? Mucho más amor se encuentra repartiendo amor que recibiéndolo.
¿Cuánto amor entregas a quienes Yo también amo? Recuerda que no poseo más manos que las tuyas, no poseo más ojos que los tuyos, más corazón que el tuyo para tocar el corazón de otros seres humanos.
Da y se te dará. Todo cuanto hayas hecho a uno de estos Mis hermanos más pequeños, a Mí me lo has hecho. Déjate conmover por Mi amor y luego ve y conmueve a otros con ese mismo amor.
Alza los ojos y mira los campos del mundo, los campos de la humanidad, que ya están blancos y listos para la siega y para Mi Reino. La mies es abundante, y los árboles están repletos de fruto maduro. Aun ahora éste cae al suelo y perece a falta de quien lo coseche. Alza los ojos y mira los campos. No te quedes gozando egoístamente de tus bendiciones; compadécete de los que no conocen la verdad de Mi amor, los que no me conocen a Mí, su Salvador, los que mueren de hambre y frío por falta del calor de Mi Espíritu y de Mi amor.
No digas, pues, que queda tiempo de sobra, sino da Mi Palabra. Siembra Mi Palabra y recoge la mies.

Déjame valerme de tus ojos para ver la necesidad ajena, sea grande o pequeña. Déjame valerme de tus oídos para oír el clamor de los perdidos. Permíteme hacer uso de tu lengua para divulgar Mis palabras de amor y compasión, de oración y consuelo, entre los abatidos. Déjame valerme de tu mente para implantar en ella Mis pensamientos, pensamientos de amor y de bondad. Déjame tomar tu corazón en Mis manos y que se parta por las multitudes que aún no conocen Mi amor. Sí, déjame quebrarte el alma para que luego pueda tomar los trozos y formar con ellos una vasija más dócil y más útil a través de la cual verter Mi amor.
Déjame hacer uso de tus manos para enjugar las lágrimas de quienes lloran, para dar una palmadita de consuelo en la espalda de quienes se hallan decaídos, para auxiliar a quienes han quedado a la vera del camino. Lo único que requiero para poder servirme de ti en esas situaciones es que estés dispuesto y que prestes oído a Mis suaves susurros. Quizá piensas que esas situaciones no revisten mucha importancia, pero son grandes a Mis ojos. Ser una vasija, un instrumento de Mi amor, constituye una gran vocación.

De gracia recibiste, da de gracia. Recuerda lo generoso que he sido contigo. He vertido en ti y ahora te envío cual vaso lleno de las aguas de Mi amor, colmado del elixir de Mi amor, de Mi bálsamo, para que lo viertas sobre tus semejantes. Sé un recipiente que derrama su contenido. No uno que retiene y se resiste a verter, sino un recipiente sin tapa, que da sin pedir nada a cambio. Da, así como has recibido.
Yo volveré a llenar tu copa cada vez que derrames su contenido. No se te agotará. Te llenaré hasta rebosar si viertes sobre los demás. A quien mucho se le ha dado, mucho se le demandará. Esto te pido: que ames al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con toda tu alma, y a tu prójimo como a ti mismo.
Cuando viertas lo que tienes, no lo hagas por tu propio ímpetu. Simplemente destapa tu recipiente para que el elixir de Mi amor emane de ti, atraído por el ansia y la sed de amor de los demás.

¿Estás dispuesto a acudir en auxilio de los que son zarandeados por ráfagas de confusión, de quienes se encuentran atrapados en las zarzas, de quienes no hallan alegría ni felicidad en una vida cotidiana infructuosa, de los que se encuentran en el fragor de la batalla, a quienes Satanás procura confundir con el objeto de apagar su llama?
¿Serás una vasija de Mi amor, del amor eterno, infalible, inalterable e incondicional que albergo por ellos? ¡Cuánto los amo! ¡Cuánto ansío enjugar sus lágrimas y aliviarles sus angustias! ¡Cómo anhelo disipar su confusión! ¿Quién responderá a Mi llamado? ¿Te ofreces? Me permites valerme de tus manos, de tus brazos, de tu boca? ¿Dejarás tus miembros en Mi poder para que valiéndome de ellos pueda amar a éstos que están agotados y han perdido el entusiasmo y la alegría? No tengo otras manos que las tuyas para tocar a alguien con ternura. No tengo otros brazos que los tuyos para dar un confortante abrazo. No tengo otra boca que la tuya para decir una palabra como conviene, con el propósito de dar ánimos.
No tengo otra sonrisa que la tuya para proyectar unos rayos de sol por entre los nubarrones de un día lluvioso. No tengo otro cuerpo que el tuyo para ponerme en el pellejo de otro ser humano, para entregarme, amar, consolar y estrechar contra Mí a estos corderitos Míos, y también orar por ellos.
¿Hasta dónde llegará Mi amor? Hasta los confines de la Tierra, hasta lo más alto de los Cielos, hasta las profundidades del mar. Mi amor se desviará de su camino para recobrar a un hijo perdido que avanza a tientas en un mar de confusión. Mi amor es el bote de rescate, el salvavidas.

Hay muchas ocasiones en tu vida diaria en las que deseo que te detengas para dar una muestra de cariño, para escuchar a otros y orar por ellos. ¿No te di el ejemplo del buen pastor que, movido a compasión por quien clama y padece necesidad, deja a las noventa y nueve ovejas -representativas de su deber, su tarea administrativa y todo lo que le parece que tiene que hacer- a fin de rescatar al que pide su ayuda?
Muchos se te cruzarán en el camino a lo largo del día. Tendrás muchas ocasiones de reconocer una necesidad de amor. Interrumpe, entonces, tus labores, déjate conmover por Mi Espíritu. En cuanto lo hiciste al menor de éstos, a Mí me lo hiciste.

Mi amor todo lo envuelve. Se hace manifiesto con un gesto de ternura, con una mirada cariñosa, con el resplandor de una sonrisa, con un acto de bondad, con una plegaria silenciosa. Mi amor transforma cada pensamiento censurador en una oración ferviente. Mi amor lucha a favor de quienes bregan espiritualmente, intercede por ellos ante el trono celestial de la gracia. Es un amigo que actúa en la hora de necesidad. No critica ni señala con el dedo.
Mi amor te lleva a comportarte así con las personas que son difíciles de amar. Te inspira fe para creer que, en la medida en que continúes mostrándote amable y atento, Yo obraré en su corazón. Mi amor sigue amando a pesar de que no se hagan patentes resultados inmediatos.
Mi amor engendra amor, de tal manera que esa pequeña chispa de Mi amor manifestada a través de ti enciende una hoguera en el corazón de los demás. Así como Mi amor engendra amor, el entusiasmo engendra entusiasmo; la emoción, emoción; y los ideales, ideales.
Yo seré tus manos, tus brazos, tus pies y tu boca, a fin de que ames a quienes necesitan amor desesperadamente. Mi amor cubrirá multitud de faltas. Derretirá la frialdad y atravesará las barreras.

Esparce Mi amor por dondequiera que vayas, alegrando a quienes te rodean, animando a los demás. Aun por medio de pequeños gestos y detalles puedo valerme grandemente de ti para transformar corazones y vidas. Podrás influir extraordinariamente, no sólo en quienes no me conocen, sino incluso en los seres más allegados a ti, aquellos con quienes tienes relación a diario.

Recompensas divinas


Eres tú quien determina los galardones que habré de concederte, según tu forma de vivir y lo que hagas por Mí. He hecho una inversión cuantiosa en ti como persona, y los dividendos que obtengas de esa inversión Mía dependerán de cómo la hayas manejado: de si escondes y entierras lo que te he dado, o si lo empleas fiel y sabiamente y haces que rinda con regularidad.
De ti depende qué recompensas, utilidades y bendiciones recibirás de Mi parte.

Soy un Dios de amor, misericordia, justicia, ternura, perdón y compasión. Mis galardones son absolutamente equitativos. Mi evaluación es enteramente objetiva. Mi recompensa, perfecta.
Doy a cada uno con arreglo a la porción que me haya dedicado de su vida y de sus labores, a las lágrimas que me haya vertido, a las oraciones que me haya hecho y al interés que me haya manifestado. Cuanto hagas por Mí en esta vida será galardonado con largueza en la vida venidera, muy por encima de lo que alcanzarías a imaginar. Recibirás el ciento por uno en pago de cada muestra de amor y de preocupación y de cada esfuerzo que hayas invertido en Mi Reino, por pequeños que éstos hayan sido.
Ningún sacrificio quedará sin premio, ninguno me pasará inadvertido, pues he aquí que estoy atento a cada una de tus acciones y conozco cada uno de tus pensamientos. Observo tus lágrimas y oigo tus ruegos. Percibo tu preocupación. Cuando atraviesas dificultades, me compadezco de ti. Cuando eres objeto de tentaciones, cuando te invaden el cansancio y la debilidad, me apiado de ti. Cuando triunfas, participo en tu regocijo. Cuando te fortaleces y vas a la batalla a combatir al Diablo, Yo veo, oigo y entiendo tus actos heroicos, tus acciones valerosas y tu gran dedicación. Tomo nota de todo ello. ¡Te premiaré muy por encima de tu más insólita imaginación! Te aseguro que soy un Dios justo y doy a cada uno lo que en justicia le corresponde.

¡Qué lugares más especiales he preparado en Mi Ciudad Celestial para quienes me han entregado completamente su vida! ¡Qué honores sin precedentes y sin paralelo les aguardan a su arribo a las puertas del Cielo!
Los tesoros y recompensas del Reino de Dios están reservados para quienes se entregaron a los demás, quienes se sacrificaron por un alma perdida, por una persona solitaria, por un niño triste, por un amigo que padece necesidad, por un ser marginado, por una persona difícil de amar. Los honores y las medallas están destinados a quienes se entreguen hasta el límite y aún más.

Adquirir fe


La fe es clave en la vida del cristiano. Es esencial para gozar de bendiciones, provisión, poder, protección e inspiración. Es la llave por medio de la cual se accede a todas las dádivas que deseo conceder a Mis preciosos hijos.
Ten fe, fe en Mi Amor, fe en Mis promesas, una fe que te permita obedecer a pesar de enfrentar obstáculos insuperables y situaciones de cariz imposible. Esa es la prueba del amor que abrigas por Mí: tu fe en Mí, en Mis Palabras y en Mi poder para cumplirlas. El gran amor que profesas por Mí se manifiesta en tu fe, la llave dorada de la fe.
Guarda ese valioso tesoro que te he conferido, esa llave dorada de la fe. Para conservarla hay que prestarle continua atención, y nutrirse y apacentarse constantemente de Mis Palabras, que son espíritu y son vida. La dorada llave de la fe se mantiene bruñida creyendo y aceptando Mis Palabras, empapándose de e­­­llas, absorbiéndolas y participando de e­­­llas. Te permitirá abrir muchas puertas imponentes que conducen a Mis bendiciones, gracias a las cuales tendrás cuanto necesites en todo aspecto de tu vida.
La fe que posees es la llave que abre la puerta de tu corazón y de tu vida para que Mi Amor pueda afluir. ¿Cómo se adquiere esa fe para creer en Mi Amor y acogerlo? Nace de la obediencia. Cuando eres obediente a Mí, a Mis Palabras y a Mi voluntad, adquieres confianza. Bien sabes que te honraré y te bendeciré por tu obediencia, tu sumisión y tu afán de complacerme.
La fe y la obediencia van aparejadas. Cuanto más me obedezcas y acates Mis Palabras, más fe tendrás en que Yo te bendeciré. Obedeciendo te acercas a Mí. Obedeciendo creas un espacio interior para que afluyan a ti Mis bendiciones y Mi Amor. Tu obediencia te inspira confianza para presentarte con denuedo ante Mi trono. Tu obediencia te mueve a buscar con expectación las manifestaciones de Mi Amor en tu entorno. Sabes que serán muchas, puesto que me has proporcionado gran alegría y placer, del mismo modo que un niño obediente complace a su padre.

No te fijes en lo que no tienes; pon los ojos en Mí y confía en Mis promesas. Ten fe en las Palabras que te dirijo. Ten fe en Mi voz, que te habla al corazón. Ten fe en el amor que percibes a tu alrededor.
Cuando albergues temor, dudas o preocupación, pon los ojos en Mí y confía. Cuando comiences a temblar, confía en Mí. Cuando no puedas más y se te llenen los ojos de lágrimas, sigue confiando en Mí a pesar del llanto. Confía en Mí pase lo que pase.
Confía en que sé lo que más te conviene. Confía en Mi sabiduría. Confía en Mi capacidad para guiarte y valerme de ti al máximo. Confíame el futuro. Confía en que no te fallaré, en que cumpliré todo lo que te he dicho. Confía en que no te abandonaré, en que efectivamente sentirás Mi amor y lo conocerás mejor que nunca.
Confía en que te consolaré por las noches cuando te parezca que no tienes a nadie. Confía en que puedo estar a tu lado. Confía en que soy capaz, y en que te ayudaré en esta época de pruebas. Confía en que no te defraudaré, te digan lo que te digan tus pensamientos. Mantén la mirada fija en Mí y deposita toda tu confianza en Mí.

No pienses que sabes qué es lo más conveniente; la mente humana no es superior a la de Dios. Que algo te parezca lógico no necesariamente refleja la mente de Dios. Mis caminos son más altos que tus caminos, y Mis pensamientos que los tuyos. La paz y la tranquilidad de espíritu la encontrarás aceptando Mi Palabra, aceptándola con fe.
Descárgate del peso de tu mente. Desembarázate de tu mentalidad analítica y acude a Mí con fe.
Cultiva tu fe mediante la lectura de Mi Palabra. Resiste los pensamientos negativos. Escucha Mis susurros. Desea hacer Mi voluntad ante todo. Entrégate a los demás, da la vida por ellos. Confía en Mí y no te apoyes en tu propio entendimiento. Ten hambre de justicia y haz lo que sabes que está bien. Ámame con todo tu corazón, toda tu alma y toda tu mente, y ama a tu prójimo como a ti mismo. Obedeciendo así Mi Palabra nacerá en ti la fe. Con esa fe descubrirás un amor que jamás habías conocido.
Mi amor está a tu alcance. Lo que recibas y la medida en que lo recibas depende de tu fe. Extiende la mano de la fe, y conforme a ella te será hecho. Lo único que limita Mi capacidad de entregarte amor es tu capacidad de recibirlo, la cual es tan grande como tu fe. Y tu fe depende de tu obediencia a Mis Palabras.

Cuando me dormí en la barca y la tormenta azotaba las aguas, Mis discípulos no sabían qué hacer. Temían que la embarcación se hundiera debido al viento y las olas. Me despertaron, acudieron a Mí, porque sabían que la solución estaba en Mi poder. Entonces ordené al mar: «Calla, enmudece», y hubo paz. Vinieron a Mí reconociendo que no sabían qué hacer, y Yo les di paz.
Ven, pues, a Mí con fe, con la fe del niño pequeño que sabe que su padre no lo llevará por mal camino, sino que lo guiará con verdad. Acude a Mí con fe dejando de lado tus ideas preconcebidas y lo que consideras tan cierto. Ven a Mí con corazón abierto y mente receptiva, y deja que te infunda paz. La paz que nace de la fe, la paz que nace de la confianza, la paz que se halla al saber que se está sumiso a la voluntad de Dios.

Debes confiar en Mi Palabra, ya que al confiar en ella, confías en Mí. Cuando en Mi Palabra digo que estoy presente, ten por cierto que lo estoy. Cuando digo en Mi Palabra que soy tu consuelo, da por sentado que lo soy. Cuando digo en Mi Palabra que tal cosa pasará, ten la certeza de que así será. Cuando digo en Mi Palabra que proveeré, da por hecho que no te faltará. Mi Palabra es verdad. Mi Palabra es vida. Mi Palabra es Amor. Mi Palabra es Mi esencia.

La fe es la moneda del Cielo. La fe es la llave que da paso a la cámara del tesoro, donde se ha­­­llan Mis bendiciones: bendiciones espirituales, bendiciones materiales, todas Mis bendiciones. Sin fe es imposible agradarme. Es necesario que el que se acerca a Mí crea que soy galardonador de los que me buscan diligentemente.
¿No he prometido acaso que abriría las ventanas de los Cielos y de­­­rramaría una sobreabundancia de bendiciones si confiabas en Mí, creías Mis Palabras y las obedecías?
¡Tu fe es capaz de liberar todo el poder del universo! ¡Tu fe puede mover enormes montañas de obstáculos y dificultades! Si depositas tu fe en Mí y en Mis Palabras, Yo moveré las montañas, venceré los obstáculos y te daré las soluciones.